Francia y Alemania han decidido endurecer su postura frente a Pekín. El presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, reclaman a la Comisión Europea un nuevo instrumento comercial que permita excluir a China del mercado único si provoca distorsiones graves y sistemáticas. La propuesta, recogida en un documento conjunto, plantea un interruptor de emergencia que daría al Ejecutivo comunitario capacidad de respuesta rápida, incluso inmediata.
El movimiento llega cuando Bruselas ultima su propio diseño de medidas sobre Pekín y en plena incertidumbre sobre si Donald Trump reactivará sus amenazas comerciales contra la Unión Europea. Además, tanto Macron como Merz afrontan un escenario débil en casa, condicionado por el avance de la ultraderecha y la situación económica.
Un mecanismo con "mayoría cualificada inversa"
En la carta enviada a Ursula von der Leyen, los dos líderes piden "un instrumento creíble en manos de la Comisión Europea que permita una reacción decisiva y sistémica". Hablan de activarlo por mayoría cualificada inversa y de medidas contundentes que lleguen a una "desconexión inmediata del mercado interior si fuera necesario".
El texto evita nombrar a China y define la herramienta como "agnóstica respecto al país". Sin embargo, las referencias al desequilibrio comercial estructural con "socios clave" y a la sobrecapacidad apuntan claramente hacia Pekín. El instrumento serviría para combatir desde subsidios y dumping hasta presiones económicas o políticas de terceros países.
Berlín deja atrás el pragmatismo
El documento consagra un giro alemán. Berlín mantuvo durante años una relación pragmática con Pekín, pero China ha pasado de ser un gran mercado a convertirse en un competidor industrial directo. El déficit comercial alemán con el gigante asiático marcó un récord en 2025 y este año va camino de superarlo. Sectores como el automóvil ya compiten con empresas chinas respaldadas por subsidios y con una capacidad productiva creciente.
París y Berlín piden también acelerar los instrumentos antidumping y antisubvenciones, endurecer los controles sobre importaciones que incumplan las normas comunitarias y abordar los desequilibrios cambiarios. A ello suman diversificar proveedores, asegurar materias primas críticas, introducir una "preferencia europea" en determinadas tecnologías y movilizar más inversión pública y privada.
La propuesta admite que una política más defensiva puede desatar represalias. Por eso plantea elaborar un inventario de posibles contramedidas, cuantificar su impacto en los Estados miembros y reforzar la coordinación política para evitar respuestas nacionales contradictorias.
La relación con China se debatirá la próxima semana en el Consejo Europeo de Bruselas, y Francia y Alemania quieren marcar esa agenda. Un portavoz de la Comisión saludó la iniciativa y aseguró que se alinea con la postura de Von der Leyen.





























