El G7 ha acordado este viernes liberar de forma coordinada 100 millones de barriles de diésel y petróleo crudo de sus reservas de emergencia durante los próximos cuatro meses. Los siete países, además, se han comprometido a no imponer restricciones a la exportación de energía entre ellos. La decisión llega después de semanas de presión de Donald Trump, que busca contener el encarecimiento del diésel antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
El presidente estadounidense celebró el resultado antes de subir al helicóptero Marine One. «Europa estuvo genial porque liberarán mucho diésel. Ellos usan diésel de una forma más desproporcionada que nosotros», afirmó. Trump añadió que prohibir las exportaciones de diésel «nunca estuvo sobre la mesa», aunque Washington había agitado esa amenaza para forzar la mano de los socios europeos.
Macron convoca y marca el tono
Emmanuel Macron, cuyo país ejerce la presidencia de turno del grupo, convocó la videoconferencia tras hablar con Trump y con el primer ministro canadiense, Mark Carney. El presidente francés aseguró que las medidas «deberían hacer bajar los precios» de los combustibles y que no habrá «ninguna prohibición» a las exportaciones de diésel dentro del G7, que completan Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Italia y Japón.
El comunicado final va más allá de la liberación de barriles. Los líderes coordinarán los calendarios de mantenimiento de sus refinerías para evitar pérdidas simultáneas de capacidad y elevarán temporalmente las tasas de utilización cuando sea posible. También han instado a los países con gran capacidad de refino a producir más derivados, sobre todo diésel.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) supervisará la aplicación de los compromisos y presentará un informe en 20 días con recomendaciones para futuras respuestas, incluida la reposición de las reservas. Este movimiento sigue a la mayor liberación de reservas de la historia, 400 millones de barriles, que la AIE coordinó en marzo tras el estallido de la guerra en Irán.
Ormuz y las sanciones a Rusia, en el texto
El G7 ha condenado los ataques de Irán contra países vecinos y las perturbaciones al comercio internacional. Reclama la restauración «inmediata y plena» de los derechos de navegación en el estrecho de Ormuz y elogia los esfuerzos de Estados Unidos para garantizar el libre tránsito comercial por esa vía. El grupo mantendrá, además, las sanciones contra Rusia y trabajará con la AIE y otros socios para evitar nuevas repercusiones en los mercados de combustibles, gas y otras materias primas.
Los líderes describen un mercado energético con «una volatilidad sin precedentes» que amenaza la estabilidad económica. Para Europa, cada vez más dependiente del diésel estadounidense, el acuerdo funciona como seguro frente a una eventual restricción de Washington. Para Trump, supone una victoria política doméstica: logra que sus aliados carguen con parte del esfuerzo para abaratar el combustible.





























