Benjamin Netanyahu ha resistido en las urnas, pero no lo suficiente para seguir gobernando con comodidad. Con el 85 % del escrutinio contado, el bloque del primer ministro se queda en 53 o 54 escaños, lejos de los 61 que marcan la mayoría en la Knéset, y el líder opositor Gadi Eisenkot tampoco llega a esa cifra. La llave de la legislatura está ahora en los partidos árabes, que logran un resultado histórico de entre 17 y 19 diputados, casi el doble que en la cámara saliente. Ambos candidatos han reclamado el derecho a formar Gobierno.
Las primeras elecciones desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 dejan un mapa fragmentado y un país que se ha volcado en las urnas: la participación del 77,7 % es la más alta desde 1999. El Likud se mantiene como primera fuerza, con 26 o 27 escaños, aunque cae desde los 32 que tenía. Yashar!, el partido que Eisenkot fundó hace apenas un año, se coloca segundo con 20 o 21.
Dos victorias proclamadas, ninguna mayoría
Eisenkot compareció hacia la una de la madrugada y proclamó que "el pueblo ha elegido el cambio" y que la coalición del fracaso ha perdido la confianza de los ciudadanos. Prometió formar un Gobierno "sionista" y lo hizo con un matiz: dijo que sería un error ir a otras elecciones y pidió a Netanyahu que acepte "el veredicto del pueblo". Su discurso, sin embargo, esquivó la pregunta decisiva sobre cómo sumará 61 sin los diputados árabes.
Netanyahu habló pasadas las tres, ante sus seguidores en Jerusalén, y evitó proclamar formalmente la victoria. Defendió que su bloque tiene "una clara y decisiva mayoría entre el público judío" y advirtió de que está "prohibido" formar un Gobierno que dependa de "partidos árabes antisionistas". Horas después, el Likud fue más lejos y acusó a esas formaciones de "robar" las elecciones mediante sobornos, amenazas y fraude. Hasta ahora no ha aportado pruebas verificables, y la Comisión Electoral Central ha confirmado que revisará todas las denuncias.
El tabú árabe y el dilema de la oposición
Gobernar con los partidos árabes ha sido durante décadas una línea roja para la mayoría de las formaciones judías, y Netanyahu lo ha convertido en el eje de su campaña. Eisenkot, Naftali Bennett y Avigdor Lieberman han apostado por un Ejecutivo sionista, y solo Yair Golan, de Los Demócratas, no descarta el pacto. Mansour Abbas, líder de la islamista moderada Ra'am, asegura que le han contactado desde ambos bloques y se muestra dispuesto a entrar en un Gobierno de Eisenkot, siempre que la coalición sea viable. Eisenkot exige, a cambio, que reconozcan a Israel como Estado judío y a Hamás como organización terrorista.
La Lista Conjunta, por su parte, pide una "verdadera alianza judío-árabe", aunque ha prometido boicotear cualquier coalición con Yisrael Beiteinu. Con esas premisas, las vías abiertas son estrechas: un Gobierno de unidad en torno a Netanyahu, un intento minoritario de Eisenkot, un pacto del primer ministro con alguien de la oposición o nuevas elecciones a principios de 2027. A Netanyahu le faltan unos siete escaños para 61, y la oposición teme acabar como Benny Gantz en 2020, absorbida por un Likud que sigue marcando el paso.
Herzog, los sobres pendientes y el calendario
El escrutinio aún no ha terminado. Quedan por contar unos 600.000 votos en doble sobre, de militares, personal sanitario y diplomáticos, que pueden alterar el reparto. El presidente Isaac Herzog recibirá los resultados oficiales y abrirá consultas la próxima semana. No está obligado a elegir al partido más votado, y quien reciba el encargo dispondrá de 28 días, prorrogables 14 más. "Debemos hacer todo lo posible para evitar otra ronda de elecciones", advirtió Herzog. Hasta entonces, Netanyahu seguirá como primer ministro en funciones, con un Gobierno interino sin capacidad para aprobar cambios políticos de calado.





























