Luiz Inácio Lula da Silva ha ganado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil y logrará un cuarto mandato, un hito que ningún otro dirigente brasileño había alcanzado. Con el 100% de las urnas escrutadas, el líder del Partido de los Trabajadores obtuvo el 51,79% de los votos válidos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La diferencia, de 4,4 millones de votos, duplica la de 2022.
Lula suma 64,2 millones de papeletas, la cifra más alta de la historia para un candidato presidencial en el país. Aun así, se trata de los comicios más ajustados desde la redemocratización. Además, es la primera vez desde el fin de la dictadura militar que un candidato que quedó segundo en la primera vuelta termina imponiéndose en el balotaje. El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había aventajado a Lula en unos dos puntos.
El propio Lula, que cumplirá 81 años este martes, tomará posesión el 5 de enero de 2027 en Brasilia. Lo hará con un Congreso más escorado a la derecha que hace cuatro años, algo que él quita de encima con una frase seca: "esse Congresso foi eleito pelo povo, e é com ele que vou trabalhar".
Una jornada caótica y una derrota que no se reconoce
El día electoral no transcurrió con normalidad. El juez del Tribunal Supremo Federal Cristiano Zanin amplió dos horas el horario de votación a petición de la campaña de Lula, por incidentes en el transporte de votantes en varias ciudades. El presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, criticó la medida: recordó que "nunca en la historia del TSE hubo prórroga alguna" y que no existía normativa que la respaldara. Eso sí, aclaró que la ampliación no alteró el resultado y llamó a ambos candidatos para felicitarles.
Flávio Bolsonaro no ha aceptado el desenlace. Desde Brasilia afirmó que es "impossível reconhecer o resultado" y anunció que pedirá la anulación. Calificó de "ilegal" la decisión de Zanin, a quien reprochó haber sido abogado personal de Lula. El candidato derrotado perderá sus fueros parlamentarios en febrero y deberá afrontar al menos dos investigaciones por presunto blanqueo de capitales. Su padre, mientras tanto, cumple prisión domiciliaria condenado a 27 años por el intento de golpe de Estado.
El pulso con Washington y las plataformas digitales
La victoria de Lula tiene lectura regional. Frena el giro a la derecha que Donald Trump ha impulsado en Argentina, Chile y Colombia, y confirma a Brasil como el gran bastión progresista del continente. La relación con la Casa Blanca ya era tensa por los aranceles a productos brasileños y por el respaldo explícito de Trump a Flávio. Su consejero Jason Miller difundió incluso en inglés el discurso del candidato derrotado, aunque Estados Unidos niega cualquier injerencia.
Lula, por su parte, fue contundente: "O Brasil não aceita ser quintal de ninguém". Durante la campaña ató a Flávio con la "motosierra" de Javier Milei y advirtió de que se subordinaría a Trump. En su discurso de victoria aseguró que su equipo tuvo que vencer "a intromissão de fora para dentro através das plataformas digitais" y prometió regularlas. Meta niega las acusaciones, aunque admitió errores técnicos, como la desactivación de anuncios de la campaña de Lula.
Las felicitaciones llegaron desde la región. Claudia Sheinbaum celebró que "ganó el pueblo de Brasil", Yamandú Orsi habló de una "fiesta democrática" y el paraguayo Santiago Peña subrayó la agenda común de integración. El vicepresidente Geraldo Alckmin resumió el sentir del oficialismo: "Por segunda vez Lula salvó la democracia brasileña".





























