Donald Trump ha aterrizado en Pekín con la delegación empresarial más nutrida de su presidencia. Dieciséis grandes ejecutivos de tecnología, finanzas, aeroespacial y agroindustria acompañan al presidente estadounidense en una visita de dos días que convierte la comitiva empresarial en el centro estratégico del encuentro con Xi Jinping. Trump y China vuelven a compartir escena, pero esta vez el presidente llega flanqueado por el poder corporativo de Silicon Valley y Wall Street con una agenda que va más allá del protocolo diplomático.
La delegación: de Apple y Nvidia a Boeing y Goldman Sachs
La incorporación más llamativa fue la de Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, sumado a la delegación a última hora. La presencia del máximo responsable de la empresa más relevante en la carrera por la inteligencia artificial no es casual: Nvidia lleva meses buscando que Washington autorice la venta de sus chips al mercado chino, bloqueada por restricciones de exportación. Su inclusión envía una señal clara sobre las prioridades tecnológicas de esta visita.
Tim Cook, director general de Apple, también forma parte de la comitiva, aunque su presencia adquiere un matiz particular: el propio Cook anunció el mes pasado que dejará el cargo el 1 de septiembre, tras 15 años al frente de la compañía. Aun así, acude a Pekín en uno de los momentos más delicados para Apple, que depende de China tanto en fabricación como en ventas.
La figura más simbólica sigue siendo Elon Musk. El director general de Tesla y SpaceX había tomado distancia de Trump tras un sonado enfrentamiento, pero los últimos meses han traído una reconciliación visible. Su presencia en la delegación confirma que el hombre más rico del mundo ha recuperado influencia directa en la agenda exterior del presidente.
Robert Ortberg, al frente de Boeing desde 2024, representa otro interés crítico. La compañía mantiene conversaciones activas con China para cerrar una venta de aeronaves a gran escala, operación que depende directamente del desenlace arancelario entre Washington y Pekín.
El sector financiero también tiene peso propio en la delegación. BlackRock, Blackstone, Goldman Sachs, Citi, Mastercard y Visa están representados, junto a empresas de semiconductores como Qualcomm y Micron, la agroindustrial Cargill y firmas de biotecnología como Illumina y Coherent.
Apertura de mercados y nueva arquitectura comercial
Trump llega a Pekín con una propuesta concreta: la creación de un consejo de inversiones y otro de comercio que institucionalizaría el diálogo económico bilateral. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, fue directa al señalar que el presidente «no viaja solo por el simbolismo» y que «los estadounidenses pueden esperar que el presidente logre más buenos acuerdos para los Estados Unidos».
El propio Trump escribió en su red social que pedirá a Xi «que abra China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia». La retórica es característica, pero el mensaje de fondo es transaccional: la visita busca convertir la distensión arancelaria de las últimas semanas en acuerdos concretos que beneficien a las empresas de la delegación.
La agenda incluye también asuntos de mayor calado geopolítico: los aranceles, Taiwán y la presión sobre Irán para que acepte una salida al conflicto en curso. Pero la presencia masiva del mundo corporativo estadounidense en Pekín deja claro que, para Trump, la economía no es el contexto de esta visita, sino su objetivo principal.





























