Christine Lagarde dejará la presidencia del Banco Central Europeo el 7 de febrero de 2027, casi nueve meses antes de que expire su mandato, previsto para el 31 de octubre de ese año. La dirigente francesa, de 70 años y al frente de la institución desde noviembre de 2019, comunicó su decisión al Consejo de Gobierno y al presidente del Consejo Europeo, António Costa, quien puso en marcha de inmediato el proceso de sucesión. El Consejo de Gobierno le dedicó una larga ovación de pie.
Lagarde explicó sus motivos en la rueda de prensa posterior a la reunión de política monetaria. "Quiero tener libertad de expresión, libertad de opinión y libertad para intervenir en asuntos que no son de política monetaria", afirmó. Reconoció además que la obligación de neutralidad que impone el cargo le resulta incómoda: "No creo que pueda sentirme a gusto con esa neutralidad". En un mensaje en X, aseguró que deja la institución con "una sensación de trabajo bien hecho" y con un BCE "preparado para el futuro".
Un adiós con destino incierto
Lagarde no ha precisado qué hará a partir de febrero. Desde hace meses circulaban rumores sobre su salida anticipada, con el Foro Económico Mundial de Davos y las presidenciales francesas de abril y mayo como posibles escenarios. Ella los había desmentido en varias ocasiones, hasta este jueves. Algún medio ya apunta a una candidatura en Francia, pero la propia Lagarde no lo ha confirmado y conviene tratarlo como una especulación.
El momento de la marcha tampoco parece casual. Matthew Ryan, estratega de Ebury, sostiene que la decisión responde en parte a motivos políticos: adelantar el relevo permitiría elegir al sucesor antes de unas elecciones francesas en las que, según los sondeos, la derecha podría imponerse. Así, Emmanuel Macron y Friedrich Merz conservarían el control del proceso de designación.
Su legado llega con luces y sombras. Lagarde gestionó la crisis del covid y la escalada de precios tras la invasión rusa de Ucrania, aunque no sin errores en la contención de las primas de riesgo ni en la reacción inicial a la inflación. Su despedida coincide con otro episodio de presión sobre los precios, esta vez por el encarecimiento de la energía vinculado a la guerra de Irán.
La carrera por heredar el despacho de Fráncfort
El nombramiento seguirá el procedimiento del artículo 283 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Los países proponen candidatos, el Eurogrupo elige uno, el Consejo Europeo emite una recomendación, se consulta al Parlamento Europeo y al Consejo de Gobierno del BCE, y los líderes toman la decisión final. El elegido necesita el apoyo de al menos 16 de los 21 países de la eurozona, que representen el 65% de la población, y ocupará el cargo ocho años sin posibilidad de renovación. Costa prometió que se avanzará "sin retraso" y la cumbre del 17 y 18 de diciembre aparece como la fecha más probable para cerrar la elección.
Dos nombres destacan hasta ahora. Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y hoy presidente del Banco Internacional de Pagos, cuenta con un respaldo poco habitual en España: el del Ejecutivo y el del PP, en vísperas de elecciones. También el BBVA lo avala. Enfrente aparece Klaas Knot, exgobernador del banco central neerlandés. Según la información disponible, ambos corren casi a la par, y el visto bueno de Alemania y Francia será decisivo.
La sucesión de Lagarde no llega sola. Hay otros dos asientos del comité ejecutivo en juego: el de la alemana Isabel Schnabel, que se marcha hacia finales de año o principios de 2027, y el del economista jefe, el irlandés Philip Lane, en mayo. Merz anticipó que los tres puestos se negociarán de aquí a fin de año, lo que convierte la sucesión en un delicado reparto de poder entre las grandes capitales europeas.





























