La primera remodelación de gobierno de José Antonio Kast llega sin que hayan pasado ni cien días desde su toma de posesión: a los 69 días exactos de mandato, el presidente ultraderechista de Chile ha cesado a dos ministras y ha reorganizado su gabinete en lo que supone el mayor cimbronazo político desde que el país recuperó la democracia en 1990. La caída de Kast en las encuestas, que ha perdido veinte puntos de aprobación y roza una valoración negativa del 60%, ha forzado la primera crisis de un ejecutivo que él mismo denominó «Gobierno de emergencia».
Dos bajas en el gabinete y un recado a la coalición
Trinidad Steinert, titular de Seguridad Pública, y Mara Sedini, portavoz gubernamental, dejan sus carteras. Martín Arrau, hasta ahora ministro de Obras Públicas, reemplazará a la primera, mientras que Claudio Alvarado, ministro del Interior, asumirá además las funciones de portavoz. Las dos cesadas acumulaban críticas no solo desde la oposición de izquierdas, sino también desde dentro de la propia coalición que sostiene a Kast en el Parlamento, formada por la derecha tradicional socialcristiana y los libertarios.
El propio presidente reconoció en una ceremonia en el palacio de La Moneda que no tenía previsto realizar sustituciones tan pronto. «Hemos tenido que tomar medidas impopulares y eso golpea a cualquier gobierno, pero las tomamos con convicción», afirmó, y anunció un cambio «en la forma y en el fondo» de comunicar la gestión del ejecutivo.
Recortes, migración y el fantasma del desgaste
El desgaste acumulado responde a varios frentes. La aplicación de recortes de gasto drásticos —una suerte de motosierra que, sin el estruendo mediático de la del argentino Javier Milei, ha podado buena parte de la administración— ha generado un amplio malestar social. La subida de precios de los carburantes, en parte derivada de las tensiones en la región del golfo Pérsico, también ha contribuido al descontento.
En materia migratoria, los resultados tampoco acompañan. Kast ganó las elecciones presidenciales en segunda vuelta con un discurso centrado en la seguridad y la firmeza contra la migración irregular. Sin embargo, su gestión se tachó de tibia incluso por sus propios aliados. El nombramiento de Alberto Soto como ‘zar de la frontera’ no ha dado los frutos esperados, y la promesa de expulsar a los 330.000 migrantes en situación irregular acabó siendo calificada por el propio presidente como «una hipérbole». El Escudo Fronterizo, la barrera de zanjas en la frontera con Perú, sigue siendo uno de sus proyectos emblema, pero aún no ha producido resultados visibles.
En las próximas semanas, el líder del Partido Republicano deberá presentar su primer balance de gestión ante el Parlamento y defender una de las medidas estrella de su mandato: la rebaja de impuestos a las empresas. La remodelación busca recuperar la iniciativa, pero el tiempo político en Chile se ha acelerado de una forma que muy pocos anticipaban.





























