El envió de las 400 bombas a Arabia Saudí no fue una operación comercial, sino política. España apoyó en secreto la guerra en Yemen con la venta de esas armas. Ahora tendrá que recomprarlas por más dinero del que pagaron los saudíes.

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La polvareda que provocó el anuncio de la paralización de la venta de 400 bombas a Arabia Saudí por parte del Gobierno de Pedro Sánchez y la posterior rectificación ha ocultado el hecho original: España apoyó en secreto la guerra en Yemen con la venta de esas armas.

Según informa este miércoles el diario ‘El País’, el Ministerio de Defensa tendrá que volver a comprar esas bombas, con toda probabilidad por más dinero de los 9,2 millones que pagaron los saudíes, ya que formaban parte del arsenal de guerra del Ejército del Aire que hay que reponer lo antes posible.

La operación no ha sido, por tanto, un buen negocio. Tampoco pretendió serlo. “Fue una decisión política con la que España mostró su respaldo a la coalición liderada por Arabia Saudí que intervino en la guerra de Yemen“, admite a ‘El País’ un antiguo responsable del Gobierno del PP. Una decisión política al máximo nivel que, sin embargo, el Ejecutivo de Mariano Rajoy mantuvo en secreto.

A diferencia de Estados Unidos o Reino Unido, España no hizo público su respaldo a la intervención militar saudí en Yemen. El contrato se firmó en mayo o junio de 2015, a seis meses de las elecciones generales. Pero no fueron razones de política interna las que aconsejaron guardar este apoyo en secreto, según un responsable diplomático de entonces.

“Todo el mundo sabía de qué lado estábamos, pero teníamos que nadar entre dos aguas. Queríamos mantener buenas relaciones con Riad, sin indisponernos con Teherán“, señala dicho exresponsable.

Cuando la Liga Árabe aprobó la creación de una coalición internacional para intervenir en Yemen, el Ministerio de Exteriores la calificó de “paso muy significativo en apoyo de la legitimidad institucional del país” y subrayó “el papel impulsor de Arabia Saudí, un país amigo con el que España mantiene relaciones muy estrechas y fraternales”.

En abril, en presencia de su homólogo iraní, Mohamad Yavad Zarif, de visita en Madrid, el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, abogó por una “solución yemení” a la guerra civil con “un Gobierno inclusivo”.

El contexto de la guerra de Yemen

En marzo de 2015, la Liga Árabe bendijo la creación de una coalición internacional encabezada por Arabia Saudí para intervenir en Yemen en apoyo al presidente Hadi frente al imparable avance de los rebeldes Huthis, una minoría chií respaldada por Irán. El 14 de abril de ese año, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, con la abstención de Rusia, una resolución en la que no llegaba a autorizar la intervención en Yemen, pero se posicionaba claramente al decretar un embargo de armas solo contra uno de los contendientes: los Huthis.

La coalición internacional estaba formada por países árabes (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Catar e incluso algunos más lejanos, como Marruecos o Egipto), y respaldada por potencias occidentales. Estados Unidos y Reino Unido reconocieron que proporcionaron a Riad proyectiles de precisión e inteligencia operativa.

Aunque se esperaba que la intervención saudí en Yemen iba a ser un paseo militar, tres años y medio después ha dejado un saldo de más de 10.000 muertos y provocado una catástrofe humana de enormes proporciones.

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