La petrolera estatal venezolana PDVSA presenta sus niveles más bajos de producción en tres décadas. La petrolera ha pasado de producir 3.12.000 barriles diarios de crudo en 1998 a 1.137.000 barriles por día en noviembre de 2018, según cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

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Noticia desagradable para Venezuela. El país de la costa norte de Sudamérica está presenciando el derrumbamiento de su joya más preciada durante décadas.

La caída de la producción de PDVSA es la última y mala noticia que recibe una Venezuela en pleno estado de excepción. Sin duda, esta es una noticia muy dolorosa, ya que el país obtiene del petróleo el 96% de las divisas con las que paga por la importación de muchos de los bienes que consume, como los alimentos que abarcan una gran cantidad.

Además, esta situación se agrava aún más ya que una parte de esa producción debe destinarse al mercado interno y otra se envía a China y Rusia por el pago de deudas.

La petrolera estatal venezolana PDVSA experimenta un declive en su producción de casi 2.000.000 de barriles diarios. Actualmente, la petrolera produce por día 1.137.000 barriles según cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Este dato contrasta con los 3.120.000 barriles diarios de crudo que producía la empresa en 1998; un año antes de la llegada al poder del fallecido presidente Hugo Chávez; un año antes de que empezase “el chavismo”.

Los peores datos en más de 40 años

Tras la nacionalización del petróleo ordenada por Carlos Andrés Pérez, la petrolera comenzó a operar en 1976 mediante un conglomerado que abarcaba distintas empresas extranjeras estatizadas. Finalmente, dichas empresas se fueron fusionando de forma gradual hasta que en 1997 terminó conformándose en una única empresa.

Así era la petrolera antes del chavismo. “Una empresa estatal bien administrada, con metas ambiciosas e internacionalizadas”, según comenta Luis Pacheco, investigador del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice (Houston, EE.UU.)

En términos financieros, el Estado permitió que PDVSA conservara sus ganancias netas. También un 10% de su ingreso bruto anual para financiar sus gastos. Además, sus empleados obtenían salarios competitivos en relación con los mejores del país conformando un sistema que los mismos trabajadores denominaban con orgullo “meritocracia”.

Más tarde, la petrolera venezolana se internacionalizó adquiriendo refinerías en Alemania, Reino Unido, Suecia y Bélgica. Finalmente, con la compra de Citgo, PDVSA terminó teniendo 8 grandes refinerías en Estados Unidos. En ese momento, Venezuela pudo controlar un 10% del mercado de gasolina más grande del mundo.

Ya en 1998, la compañía estatal estaba inmersa en un proceso conocido como la “apertura petrolera”. De esta manera, la compañía buscaba aumentar la producción hasta los cinco millones de barriles diarios a través de un esquema de ganancias compartidas con compañías privadas.

Ahora la petrolera está en mínimos históricos de producción. PDVSA sigue exportando petróleo crudo, pero en menos cantidad a Estados Unidos; 41%, China; 25%, y la India; 22% como destinos principales.

Sin embargo, las recientes sanciones afectan a la venta de crudo de Venezuela a Estados Unidos. Pero sobre todo afectan a PDVSA. El motivo es que el Gobierno de Trump ha establecido que el dinero de esas operaciones sea depositado en un fideicomiso a disposición de Guaidó o del próximo “gobierno legítimo” de Venezuela.

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