El cáncer de cuello de útero es el 2º cáncer más frecuente en mujeres de todo el mundo, aunque con grandes diferencias entre países desarrollados y no desarrollados. Su causa es la infección activa y persistente a través de los años de uno o varios tipos oncogénicos del virus del Papiloma Humano (HPV por sus siglas en inglés).

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El déficit en el acceso al control ginecológico dificulta e incluso impiden la detección de lesiones incipientes en los países menos desarrollados. No así en países desarrollados donde las estrategias de revisión periódica permiten diagnosticar y tratar lesiones muy precoces, en estadios pre-neoplásicos (lejanas al cáncer invasor). Así la incidencia en España del cáncer de cérvix se puede considerar MUY BAJA: desde los años 60, se redujo en un 80% y la tendencia es continuar disminuyendo.

La mayoría de los cánceres se diagnostican entre los 30 y 50 años, solo el 10% de los diagnósticos se hacen en mujeres mayores de 65 años.

La infección por el virus del papiloma humano se considera esencial para desarrollar la enfermedad. La mayoría de las mujeres y hombres sexualmente activos contraerán la infección en algún momento de su vida -generalmente cercano al inicio de la vida sexual- y algunas personas pueden llegar a tener infecciones recurrentes.

La principal vía de contagio es la vía sexual, si bien no es necesario que haya una relación sexual con penetración para que se produzca la transmisión, ya que se ha descripto que el contacto directo piel con piel de la zona genital es suficiente; “otra vía descubierta recientemente de transmisión del virus del HPV sería la genodigital, de forma que las uñas y las yemas de los dedos de la mano constituyen un reservorio del virus que provocaría contagio por esta vía”, destaca la Dra. Natalia Gennaro Della Rossa, especialista en Ginecología y Obstetricia de Ruber Juan Bravo 49, dentro del Servicio dirigido por la Dra. Arancha Moreno.

La mayoría de las infecciones por VPH desaparecerán espontáneamente, por lo que -aclara la Dra. Gennaro-, al principio generalmente sólo observamos y pasado un tiempo (usualmente de 2 años), si el virus persiste activo, recomendamos un tratamiento de erradicación por vaporización láser. Mientras que, si provoca una lesión mayor a nivel de las células cervicales, generalmente realizamos una pequeña cirugía ambulatoria donde se extrae la lesión.”

Hasta 11 genotipos del VPH pueden, si la infección persiste durante varios años, llegar a desarrollar cáncer en el cuello del útero, aunque son los genotipos 16 y 18 los causantes del 70% de ellos. Otros factores de riesgo son el estado inmunitario de la paciente o el estado inmunitario local del cuello del útero, la infección simultánea de otros microorganismos de transmisión sexual (herpes simple, clamidias, gonococo) o el consumo de tabaco. Además, mientras persista la infección activa por HPV se recomienda suspender el uso de anticonceptivos orales si es posible.

La prevención primaria comienza con la vacunación de las niñas de 9 -14 años, antes de iniciar su vida sexual, lo que reduce significativamente el riesgo de cáncer cervicouterino; sin embargo, la vacunación es posible más allá de los 14 años, y recomendable hasta los 55. Algunos países han empezado a vacunar a los niños, dado que la vacunación previene los cánceres genitales también en hombres. “Conviene en este punto recordar, señala Gennaro, que se trata de una vacuna que no evita la infección, sino que disminuye la posibilidad de desarrollar un cáncer provocado por el VPH.”

No obstante, la vacunación no sustituye a las pruebas de detección de lesiones precancerosas o de cáncer de cuello de útero, por lo que se recomienda a las mujeres someterse a una revisión ginecológica con realización de una citología, estudio que permite analizar las células del cuello del útero.

En caso de que se detecten células anormales, se estudiará la presencia de VPH y, si este se confirma, se procede a aplicar el protocolo de seguimiento de pacientes con VPH positivo. Usualmente se estudia el cuello del útero con un microscopio (colposcopio) y utilizando distintas soluciones y colorantes se pueden descubrir lesiones muy pequeñas (de escasos milímetros) en el cuello del útero que son biopsiadas en la propia consulta en forma ambulatoria.

“Los resultados de las citologías y biopsias cervicales nos dirán si las células son normales -incluso con el virus activo pueden presentar este resultado- o presentan alguna alteración por el virus, que puede ser de dos categorías: de bajo grado y de alto grado de anormalidad.  Cuando la lesión sea de bajo grado, lo normal es su control periódico, ya que tiene una tasa de curación espontánea muy alta. Sin embargo, en las lesiones precancerosas de alto grado debe procederse a su exéresis con una pequeña cirugía ambulatoria, con el fin de evitar el desarrollo del cáncer de cuello uterino. Es así como evitamos su progresión, extirpando la lesión mucho antes de convertirse en un cáncer. Si en la citología y/o biospia encontramos células cancerígenas, aplicamos el protocolo de tratamiento del cáncer de cuello de útero según el grado de invasión del mismo”, concluye la experta.

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