Donald Trump quiere poner coto a la injerencia extranjera en las elecciones. Con las legislativas a la vuelta de la esquina, ha decidido endurecer las sanciones en caso de que potencias de fuera quieran influir.

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Aunque Trump ha puesto en duda la conclusión de la inteligencia estadounidense de que hubo injerencia de Rusia para tratar de influir en las elecciones presidenciales de 2016, ha decidido aumentar las sanciones y poner coto a esa interferencia para futuros comicios.

El presidente americano hace caso así a la mayoría de su Gobierno y de las mayorías republicanas del Congreso. Le habían pedido hacía tiempo endurecer el castigo contra este tipo de campañas para influir en los resultados electorales. Ante la presión para que actúe y con las legislativas de noviembre a la vuelta de la esquina, Trump no ha tenido más remedio que poner coto a las injerencias.

Y es que la inteligencia estadounidense da por hecho que habrá campaña extranjera para influir en los comicios.

Las sanciones

Trump emite así una orden ejecutiva que establece un nuevo régimen de sanciones para estos casos.

A partir de ahora, el director nacional de Inteligencia tendrá 45 días después de cada elección para emitir un informe. En él tendrá que recoger qué entidades o personas han tratado de influir en el proceso electoral.

Después, los departamentos de Seguridad Interior y Justicia tendrán otros 45 días para decidir qué sanciones imponen. Tras esto, será el presidente el que tenga la decisión final sobre el castigo.

Pese a la decisión, hay quien pide más coto y mano dura. Los senadores Marco Rubio (republicano) y Chris Van Hollen (demócrata) han presentado juntos una propuesta de ley para que las sanciones se impongan en cuanto Inteligencia determine que ha habido injerencia extranjera. Quieren saltarse así los dos últimos procesos y, sobre todo, que el presidente pueda elegir.

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