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El Hospital Universitario Infanta Elena, comprometido con la atención del parto respetado y protegido frente a la Covid-19

El centro ofrece una asistencia al nacimiento respetuosa, escuchando las opiniones de la embarazada, atendiendo al máximo nivel posible sus deseos y proporcionándole la información necesaria para la toma de decisiones

El servicio de Obstetricia creó un "bunker paritorio" en las primeras semanas de pandemia que permitió a las gestantes dar a luz en un espacio protegido
  • Desde la llegada de la pandemia, el servicio ha puesto en marcha un plan de reorganización con el propósito de garantizar la continuidad de su actividad y la humanización de la asistencia, protegiendo a pacientes y personal

Desde su creación, el Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Infanta Elena, integrado en la red sanitaria pública madrileña, ofrece a las pacientes una asistencia al nacimiento respetuosa y humanizada. Tal y como apunta el Dr. Juan Miguel Rodríguez Candia, jefe del citado servicio, el hospital de Valdemoro es un “referente en parto respetado”, lo que implica una atención “lo menos intervencionista posible” por parte de los profesionales.

Escuchar a la mujer, respetar sus opiniones, acompañarla y guiarla, además de proporcionarle la información necesaria para la toma de sus decisiones y atender al máximo nivel posible sus deseos y necesidades son algunas de las premisas de este tipo de partos que defienden un papel más participativo para las pacientes. Adicionalmente, según comenta el Dr. Rodríguez Candia, “se evita separar a la madre del hijo para promover el contacto precoz piel con piel y la lactancia materna”.

El servicio, formado por 18 ginecólogos y 13 matronas, cuenta en sus instalaciones con unidades monográficas y especiales

El Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Infanta Elena, del que forman parte 18 ginecólogos y 13 matronas, realiza todas las labores referentes a la especialidad ginecológica y cuenta en sus instalaciones con diversas unidades monográficas, como la consulta de obstetricia, de patología del tracto genital inferior, de patología de mama o de esterilidad y anticoncepción; así como con varias unidades especiales, como la de suelo pélvico, ginecología oncológica o ginecología funcional.

Para la actividad diaria, el centro dispone de un bloque de consultas con seis despachos, “cada uno de ellos preparado y equipado para pasar consultas generales y de cada unidad”, subraya el ginecólogo. El bloque obstétrico, por su parte, cuenta con cuatro paritorios y dos salas de observación.

Aunque durante el último año el número de consultas presenciales ha disminuido debido a la pandemia generada por la llegada de la Covid-19, el servicio ha experimentado un aumento considerable en las consultas telemáticas. En cuanto a la tasa de partos, pese a todo, no se han experimentado cambios notables.

Protocolos especiales frente a la Covid-19

Desde la llegada de la Covid-19, el hospital cuenta con un plan de reorganización cuyo objetivo es garantizar la continuidad del servicio a las pacientes con las mayores garantías de seguridad clínica. Para ello, se ha establecido un circuito exclusivo de atención obstétrica para las pacientes sospechosas o positivas por coronavirus “con el propósito de proteger al resto de las pacientes y al personal del servicio sin menoscabo de la eficacia y humanización de la asistencia”, indica el Dr. Rodríguez Candia.

Desde el centro también se ofrece a las embarazadas “la posibilidad de retrasar sus revisiones de control, en caso de estar confinadas, o de acudir a última hora de la mañana” para no coincidir con otras pacientes y que sean atendidas en las condiciones de seguridad adecuadas. Asimismo, el día del parto, o en las 72 horas previas si se trata de un parto programado, se realiza una PCR a las gestantes para conocer su estado y activar los protocolos covid, si esto fuera necesario.

Dado que la asistencia al parto es algo que no puede posponerse, durante las primeras semanas de pandemia el centro designó los denominados “búnkeres paritorio”, espacios estancos de paritorio y hospitalización donde, según manifiesta el especialista, las pacientes y sus acompañantes “ingresaban el día del parto y no salían hasta el alta”, manteniéndose aisladas del resto. “A los acompañantes se les proporcionaba todo lo necesario para evitar la salida innecesaria del área y minimizar así el riesgo de contagios”, comenta el Dr. Rodríguez Candia.

Además, al principio de la crisis sanitaria, el hospital fue uno de los primeros centros en adaptar también las recomendaciones de la Sociedad Española de Neonatología, publicadas en marzo de 2020, en las que se permitía seguir con la práctica habitual de no separar el binomio madre-hijo, promover el contacto precoz piel con piel y la lactancia.

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