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La Fundación Jiménez Díaz aborda el binomio pantallas y salud y analiza los riesgos de su uso inadecuado

El uso incorrecto o excesivo de esta tecnología (cuando escapa del control del individuo), afecta a la educación, a la salud emocional, al ámbito familiar y al individuo en sociedad, y tiene consecuencias fisiológicas y mentales

De izda. a dcha, M. Masip, A. Guerra, Eva Sacristán (dtora de Comunicación de la FJD, moderadora del debate), E. Baca y el Dr. Javier Arcos (gerente de la FJD).

¿Son las pantallas realmente nocivas para la salud? En caso afirmativo, ¿lo son todos los tipos de consumo y en todas las poblaciones y casos? ¿Cuáles son los signos de alarma y efectos de este problema social? Y, sobre todo: ¿qué podemos hacer, tanto a nivel colectivo como individual, para afrontar los riesgos de este binomio?

Estas y otras muchas preguntas, las numerosas plantea un tema tan importante y actual como controvertido y extenso, fueron las que guiaron la tercera sesión del ciclo de debates en Responsabilidad Social Corporativa (RSC) “Salud, Personas y Sociedad. FJD Talks”, que organiza periódicamente la Fundación Jiménez Díaz para “acercar a la sociedad cuestiones que inquietan o interesan a la población relacionadas con la salud, de la mano de expertos en las mismas, para aportar una visión documentada y atractiva”, tal y como explicó su promotora y directora de RSC del hospital madrileño, Aurora Herraiz.

En esta ocasión, y bajo el título “Pantallas y salud: desvelando los riesgos”, el debate, que permitió a los asistentes ampliar sus conocimientos y comprensión sobre este problema, las formas de detectarlo y algunas estrategias para abordarlo, contó con la participación de Marc Masip, psicólogo, experto en adicción a las nuevas tecnologías y fundador de Desconecta; y el Doctor Enrique Baca, jefe del Departamento de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz y catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

Definiendo el problema

“Hay que separar las tecnologías del análisis de los usos positivos o negativos de las mismas”, comenzó el Doctor Baca, avanzando ya una de las principales conclusiones del encuentro: “Las pantallas, como cualquier tecnología o innovación, no son intrínsecamente malas; lo perjudicial es usarlas mal porque pueden tener consecuencias negativas para la salud. Y lo cierto es que cada vez las usamos peor”.

“Hay que utilizar las pantallas -aseveró, pero hay que utilizarlas bien; es decir, de forma respetuosa con los que están a nuestro alrededor (si estamos acompañados, no debemos de mirarlo), sin que interfieran con nuestras funciones fisiológicas básicas (comer, dormir y relacionarnos con otras personas) y, en el caso de los niños, con una supervisión”.

Alcance de los riesgos y efectos

Y es que, como señaló Masip, en el encuentro, mientras que hay aplicaciones de esta tecnología que resultan beneficiosas, como en el ámbito laboral, de la conectividad o el ocio, su uso incorrecto o excesivo -es decir, cuando escapa del control del individuo-, “afecta a la educación (repercute en aspectos como la memoria, la capacidad crítica o el rendimiento escolar, entre otras), a la salud emocional (autoestima, intolerancia a la frustración…), al ámbito familiar (falta de conexión con el entorno y allegados) y al individuo en sociedad (dificulta o distorsiona las relaciones sociales…)”. Consecuencias a las que Baca añadió las fisiológicas (problemas de sueño, trastornos de la alimentación, etc) y las mentales (afecta a la atención y puede favorecer pautas de acoso y conductas o intentos autolesivos o suicidas), por poner solo algunos ejemplos.

Por no hablar de la “pérdida de oportunidad” que suponen, al restar interés, tiempo y capacidad para invertir en otras actividades y hábitos saludables desde distintos puntos de vista, como las relaciones sociales presenciales, el deporte, el rendimiento escolar, la lectura… y hasta el aburrimiento, con contrastados beneficios en numerosos ámbitos, como recordó el psicólogo y fundador de Desconecta.

La prevención, la mejor estrategia de abordaje

Llegados a este punto, ambos expertos coincidieron en que “la mejor estrategia pasa por la prevención”, el cambio consciente de hábitos y la aplicación de pautas adaptadas a cada edad.

Una receta que se traduce, en el caso de los pequeños, en supervisión, normas de uso y límites, “necesarios y positivos en estas edades”, como recordó el jefe del Departamento de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz, para intentar cumplir en el mayor grado posible las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) -ningún contacto con pantallas por debajo de los 2 años; no más de 1 hora al día entre los 2 y los 4, y 2 horas máximo hasta los 17-.

Con respecto a los adolescentes, y teniendo en cuenta que España es el país europeo con más adicción a Internet en este grupo poblacional, afectando a un 21,3 por ciento frente al 12,7 por ciento de media en el continente -situación que la pandemia por la Covid-19 contribuyó a agravar-, la educación es la estrategia que más se acerca a la solución para “no confundir dato con información, conocimiento y sabiduría”, advirtió Baca.

Un ámbito en el que Masip planteó vías no exentas de controversia, como negociar con los jóvenes ‘contratos tecnológicos’ en los que los ‘castigos’ estén relacionados con el veto a las pantallas, pero los premios, en cambio, sean ‘analógicos’, “volver a la educación sin pantallas” e, incluso, plantear ciertas regulaciones en los entornos académicos o laborales, y normas de conducta en el domicilio. Y, por supuesto, el polémico establecimiento de la edad mínima de acceso al primer dispositivo propio, “tan necesario como el socialmente aceptado para conducir un vehículo, fumar o beber alcohol, pero más difícil de marcar para los padres”.

Uso de la tecnología en personas adultas

Finalmente, no hay que olvidarse de la población adulta, conectada permanentemente al smartphone, y no solo por motivos laborales, y a quien también hay que orientar para que se aplique las medidas autorreguladoras y recetas que prescribe a sus hijos. “Hay que educar con el ejemplo”, aseveró Baca invitando a los asistentes al debate a seguir hábitos saludables tan sencillos como insonorizar y guardar el móvil en cajón a partir de determinada hora de la noche para disfrutar de la compañía física y real de nuestros familiares y seres queridos; y de paso, de un sueño reparador.

Porque, “por muchas pantallas, tecnologías e inteligencias artificiales que lleguen, una mirada, un abrazo, el cariño, el amor, el enfado… seguirán siendo insustituibles; y el ser humano será siempre más potente”, concluyó Masip.

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