El presunto y “oportuno” suicidio de Epstein tuvo lugar horas después de que un juzgado estadounidense hiciera públicos cientos de documentos sobre sus actividades, en las que podrían verse implicados nombres de fama internacional.

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El magnate neoyorquino se movía bien en las altas esferas, de Hollywood a Wall Street, pasando por el Congreso y la Casa Blanca, hasta que el pasado 7 de julio fue detenido en el Aeropuerto de Teterboro (Nueva Jersey) tras aterrizar en su avión privado procedente de París. Su suerte había cambiado definitivamente. Aunque las primeras denuncias contra él y su presunta red de prostitución de menores se remontan a 2007 y 2008, Epstein logró evitar que se presentasen cargos federales gracias a un acuerdo con la fiscalía para declararse culpable de delitos menores, un hecho que ya desató entonces fuertes críticas porque dejaba a sus víctimas sin posibilidad de declarar. Por eso, ellas, las jóvenes que le denunciaron, recibieron la noticia de su detención con la esperanza de que por fin tuviera lugar un juicio y saliera a la luz toda la trama. Una esperanza que, sin embargo, el pasado sábado volvía a verse truncada, esta vez de manera fatal: el presunto responsable de la red de prostitución que les destrozó la vida ya no podrá hablar.

Jeffrey Epstein y Bill Clinton
Jeffrey Epstein y Bill Clinton

Las víctimas, sin embargo, no son las únicas que ponen en duda que la muerte del multimillonario gestor de fondos haya sido autoinfligida. Las circunstancias de su presunto suicidio en la celda de la cárcel de Manhattan donde permanecía recluido, enseguida levantaron sospechas hasta en los menos proclives a dar crédito a las teorías que hablan de conspiración. En primer lugar, porque Epstein, al parecer, ya habría intentado quitarse la vida el día 23 del mes pasado y fue, por ello, puesto en aislamiento, bajo medidas especiales, entre ellas la retirada de objetos como sábanas o prendas de vestir susceptibles de ser empleadas como soga. Y asimismo  sometido a una vigilancia intensiva que suponía que cada cuarto de hora un funcionario pasaba por su celda para ver cómo estaba. Hasta que, de pronto, dichas medidas le fueron retiradas y se anunció que volvía al régimen carcelario normal, pero con una importante excepción: Epstein no volvió a tener un compañero de celda, como sí lo tuvo hasta el día 23 de julio, sino que permaneció solo.

El resultado ya lo sabemos: el sábado por la mañana, el personal de la prisión encontró a Epstein colgado en su celda. El segundo punto que esgrimen los que ven en su “oportuna” muerte la salvación de muchos poderosos cuyos nombres ya no saldrán a relucir durante el juicio que se avecinaba, hace referencia precisamente a las aproximadamente 2.000 páginas que horas antes del suicidio las autoridades judiciales de Estados Unidos autorizaron publicar. Infinidad de documentos y de testimonios que amplían la lista de clientes de su red de prostitución e ilustran sobre su funcionamiento.

Jeffrey Epstein
Jeffrey Epstein

Gracias a la documentación que el FBI encontró durante el registro de la mansión neoyorquina de Epstein se ha confirmado, por ejemplo, que su “mano derecha” era Ghislaine Maxwell, hija Robert Maxwell, el empresario británico de los medios de comunicación y presunto agente del Mossad que murió ahogado en Canarias en 1992, dejando a sus herederos lo que parecía un imperio del periodismo y resultó ser un fraude que se vino abajo pocos meses después. La gran pregunta es si, a falta de Epstein, Ghislaine Maxwell, contra quien se siguen acumulando testimonios, acabe por sentarse en el banquillo o si, por el contrario, los vídeos en los que Epstein grabó a ricos y famosos teniendo relaciones sexuales con prostitutas menores de edad existen y puede utilizarlos para salvarse.

Hasta ahora, entre los presuntos clientes de Epstein destacaba el príncipe Andrés de Inglaterra, que había sido acusado por Virginia Giuffre, una mujer de Florida de 35 años, de haber tenido relaciones sexuales con ella cuando era menor de edad, pero la realidad es que la lista de nombres incluye muchos más personajes de relieve en todos los ámbitos de la vida pública. Entre ellos, el ex gobernador de Nuevo México, ex secretario de Energía y enviado para Corea del Norte con Bill Clinton, Bill Richardson, la estrella del Derecho Alan Dershowitz, y el padre de la Inteligencia Artificial Marvin Minsky, así como uno o varios jefes de Gobierno extranjeros cuya identidad todavía no se conoce. También está el ex senador demócrata, mediador en el proceso de paz en Irlanda de Norte, enviado de Barack Obama para Oriente Medio, y ex presidente de la mayor empresa de comunicación y entretenimiento del mundo, Disney, George Mitchell. Además, Giuffre asegura que cayó en las redes de Epstein cuando comenzó a trabajar en el club de campo de Donald Trump en Florida, durante los años en que el presidente y Epstein eran amigos, antes de que dejaran de hablarse hace más de una década.

Porque el financiero y presunto proxeneta y pederasta era demócrata, no republicano. Fue uno de los mayores donantes de la campaña presidencial de Hillary Clinton en 2008 y llevó a Bill Clinton en su avión privado forrado de piel de armiño en al menos siete viajes por todo el mundo. Otros amigos de Epstein son las estrellas de Hollywood Dustin Hoffman, Alec Baldwin, Ralph Fiennes, y Woody Allen; el cantante Phil Collins; y las estrellas del periodismo George Stephanopoulos, ex jefe de gabinete de Bill Clinton. Una interminable lista en la que también hay mujeres: Sarah Ferguson, duquesa de York, y ex esposa del Príncipe Andrés; la cantante de rock y viuda del líder de Nirvana, Kurt Cobain, Courtney Love, y la periodista Katie Couric.

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