La autoridad de Angela Merkel dentro y fuera del partido se ha visto seriamente cuestionada en las últimas semanas. Tras encadenar sucesivas crisis internas, muchos creen ya que estamos ante el principio del fin de la canciller.

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Angela Merkel atraviesa su peor momento político desde que se convirtiera en canciller de Alemania hace 13 años. La fuerte erosión de la gran coalición que gobierna el país, la disidencia creciente en su propio partido y el empuje de la extrema derecha sitúan a la dirigente germana en una situación más que comprometida. ¿Es el principio del fin de la era Merkel?

El curso político no ha podido comenzar peor para ella, que encadena un revés con otro. El más grave ha tenido como protagonista al ya exjefe del servicio de inteligencia alemán Hans-Georg Maasen. Este caso ha estado a punto de hacer saltar por los aires la gran coalición, tal y como reconocía hace sólo unos días la ‘número 2’ de la CDU de Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer.

Maasen puso en duda las cacerías de inmigrantes por parte de grupos neonazis en Chemnitz. Eso, unido a informaciones sobre sus vínculos con la extrema derecha, llevaron finalmente al Gobierno alemán a apartarle del cargo. Pero, para llegar a ese punto, Merkel se vio en una encrucijada que muy cerca estuvo de dinamitar la alianza con la que gobierna y abocar al país a elecciones anticipadas. Por un lado, los socialdemócratas del SPD exigían el cese inmediato del jefe de los servicios secretos. Por otro, el ministro del Interior, Horst Seehofer, líder del CSU, socio bávaro de la CDU, abogaba por su continuidad en el cargo.

Tras un sinfín de tensiones, los tres partidos acordaron que Maasen fuera cesado, pero la polémica no acabó ahí. Y es que, en un primer momento, fue recolocado en el Ministerio del Interior como secretario de Estado, encargado de la Policía federal, la ciberseguridad y la seguridad pública, lo que en la práctica suponía un ascenso, con una notable mejora de sueldo. Tras una lluvia de críticas, la situación se ha reconducido a medias: Maassen pasará ahora a ser “consejero especial” para asuntos europeos e internacionales en el Ministerio de Interior manteniendo el sueldo anterior.

Desafiada en su propio partido

Pero las desgracias nunca vienen solas y esta misma semana Merkel ha tenido que enfrentarse a un nuevo terremoto político, en esta ocasión, dentro de sus filas. Ralph Brinkhaus, prácticamente desconocido más allá de los círculos parlamentarios, ha logrado desbancar al candidato y leal colaborador de Merkel, Volker Kauder, al frente del bloque conservador en el Bundestag.

125 diputados -frente a 112- se atrevieron a desobedecer la consigna de la canciller, que había pedido abiertamente el apoyo para quien ha estado 13 años a su lado como su hombre fuerte en el Parlamento. Este varapalo en una votación que en las últimas décadas ha sido de puro trámite supone un menoscabo importante a la autoridad de Merkel dentro del partido. “Es una derrota y no hace falta embellecerla”, reconocía, sin paños calientes, la canciller.

Tras este especie de revuelta interna, la prensa alemana se ha lanzado a aventurar el fin de la era Merkel. “¿Es capaz Merkel de ser todavía canciller?”, se preguntaba en su portada el diario ‘Bild’. Mientras, el conservador ‘Frankfurter Allgemeine Zeitung’ se refería a ella como “un pato cojo”.

El aliento en la nuca de la ultraderecha

Tampoco ha ayudado a mejorar su imagen el que hace sólo unos días se conociera que el Gobierno de Alemania ha aprobado la venta de cuatro sistemas de posicionamiento de artillería a Arabia Saudí. La canciller se había comprometido el pasado mes de marzo a detener la exportación de armas a países involucrados en la guerra en Yemen, por lo que desde muchos sectores se ha criticado este cambio de postura.

Mientras Merkel se hunde a pasos agigantados, la extrema derecha alemana se frota las manos. Un sondeo publicado la semana pasada ya sitúa a Alternativa para Alemania (AfD) como segunda fuerza, por delante de los socialdemócratas. La CDU y su socio bávaro (CSU) se mantendrían primeros, pero con el porcentaje de voto más bajo desde 1997.

Todos parecen señales para decirle a la canciller que lleva mucho tiempo en el cargo y que necesita postular ya un sucesor. Ella aspira a, al menos, agotar la legislatura y, en un gesto insólito para salvar un barco claramente a la deriva, ha entonado el ‘mea culpa’. “Lo lamento mucho. Esto debe cambiar”. Así trataba el pasado lunes de pasar página por las últimas polémicas. Pese a este intento por recupera el pulso, pocos creen ya que la era Merkel se pueda prolongar durante tres años más.

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