Las economías del sur de Europa no han avanzado en convergencia real con la media de la Unión Europea (UE) desde la introducción del euro y España ha conseguido solo mantener su distancia, según un informe publicado recientemente por expertos del Banco Central Europeo (BCE).

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El estudio señala que, aunque recientemente la dispersión en las tasas de crecimiento del producto interior bruto (PIB) ha alcanzado mínimos históricos en la eurozona, si se compara el periodo entre 1999 y 2016 es “evidente que las diferencias de renta entre los países persisten”.

Los expertos del BCE afirman que entre esos años “varios miembros de bajos ingresos de la eurozona solo han mantenido (Eslovenia y España) o incluso aumentado (Grecia, Chipre y Portugal) su distancia de renta respecto a la media de la UE”, aunque precisan que esta tendencia “ha sido revertida en la mayoría de los casos en los últimos tres años”.

Los técnicos del banco europeo rechazan que haya sido la introducción del euro la que puede haber provocado estas “deficiencias de convergencia” que, advierten, proceden de años o incluso décadas atrás y responden a condiciones de naturaleza estructural de las diferentes economías, que requieren un análisis extendido en el tiempo.

En el caso de España, señalan que solo en la década de los 60 el PIB per cápita creció claramente por encima de la media de los países de la UE. Posteriormente, se registró una “moderada” convergencia en los noventa y en los primeros años de la unión monetaria, parcialmente contrarrestada por una baja productividad laboral. A su juicio, los bajos índices de productividad de la economía española pueden ser atribuidos, como en otros países del sur de Europa, a una “menor cualificación del capital humano, una baja inversión en I+D, un desfavorable entorno de negocios y, en general, a altas cargas administrativas a las empresas”. “La tendencia del crecimiento en España hacia actividades laborales intensivas relativamente no cualificadas (construcción y servicios) ha ocasionado un adverso” efecto en la productividad, que se hizo notar especialmente en el periodo anterior a la crisis, afirman. Igualmente, detallan, entre otras posibles causas de la baja productividad, la inadecuada asignación de capital y fuerza de trabajo hacia industrias menos productivas, así como estrictas regulaciones del mercado laboral que limitaron flexibles organizaciones del trabajo en las empresas.

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