Lula da Silva tira la toalla definitivamente. Como se esperaba, deja su puesto de candidato a Fernando Haddad, su sustituto. Favorito en las encuestas, abandona la campaña electoral.

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El expresidente brasileño Lula da Silva tira la toalla. Tras presentar varios recursos que la Justicia ha tumbado, renuncia a ser candidato presidencial en las elecciones que se celebrarán el 7 de octubre en Brasil. Su puesto, como se esperaba, se lo deja a su número dos, Fernando Haddad.

El Partido de los Trabajadores (PT) anunciaba la decisión tras una visita a Haddad, quien a su vez se había reunido con Lula en la cárcel. Y es que el expresidente cumple condena de 12 años por corrupción.

El anuncio llegaba en el límite, justo al cumplirse el último día de plazo. Algo que Lula ha hecho ya en varias ocasiones, en su continuo pulso a la justicia brasileña. Aunque la decisión era algo esperado, sus seguidores aún guardaban esperanza en que no renunciara. Sin embargo, esta vez, no tenía as bajo la manga.

Favorito en todas las encuestas, su puesto lo ocupará un Fernando Haddad que tendrá que darse a conocer en varias zonas del país. Y es que Lula arrasaba tanto en ciudades como en territorio rural. Algo que su sustituto no consigue de momento.

También tendrá que luchar con el aumento de popularidad de Jair Bolsonaro. El candidato de ultraderecha ha subido como la espuma tras ser apuñalado en un acto electoral.

Lula y Haddad, cara y cruz

Fernando Haddad tendrá que hacerse ahora con los seguidores de Lula. Pero el nuevo candidato no es el expresidente. Poco tienen que ver uno y otro.

Mientras Lula se crió en el seno de una familia muy humilde y buscó oportunidades en Sao Paulo, Haddad pertenece a la clase media urbana de la ciudad. El expresidente se forjó una carrera fulgurante y fundó el PT, siendo finalmente el presidente más popular de la historia de Brasil.

Por su parte, Haddad se licenció en Derecho y llegó a estudiar en Canadá. Se afilió joven al PT y en 2005 fue el propio Lula quien le nombró ministro. Ahora aspira a sustituir a su mentor político, aunque no lo tendrá fácil.

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