La Fiscalía General de Justicia mexicana llegó a ofrecer 16.000 dólares por una información que facilitara su captura. Mientras, el asesino seguía activo en sus redes sociales donde se mofaba de las autoridades.

Publicidad

En México, país donde el asesinato de mujeres llega a cifras de emergencia nacional, la activista Verónica Villalvazo hace años que decidió pasar a la acción. Bajo el seudónimo de Frida Guerrera, su colaboración para detener al conocido como “monstruo de Toluca” ha resultado ser clave para que, al menos él, no siga matando a más mujeres después de violarlas y torturarlas salvajemente. Cuando las publicaciones de Óscar García Guzman en Facebook empezaron a atraer la atención de la prensa local y nacional, Frida decidió usar Messenger para entablar contacto con él. Seguramente, ni ella misma sabía al principio qué podría lograr con tan delicado paso, que la ponía en el punto de mira del asesino en paradero desconocido. Sin embargo, el chat privado de la activista con el presunto asesino fue crucial no sólo para encontrarle, sino para hacerse con sus confesiones y resolver otros crímenes.

El asesinato de Jessica Jaramillo en el estado de México fue el caso que puso a la policía tras los pasos de García Guzmán. La joven de 23 años había desaparecido el 24 de octubre de 2019 a la salida de sus clases en la facultad. Cuando esa tarde no regresó a casa, sus padres comenzaron de inmediato su búsqueda. Tenían un punto claro de partida: García Guzmán, el joven que llevaba tiempo acosando a Jessica, con quien compartía el mismo campus de la Universidad Tecnológica de Toluca. El acoso, de hecho, había llegado a tal extremo que Jessica, movida por el miedo, había decidido cambiar de universidad. Frida Guerrera no dudó en ponerse en contacto con los padres de la chica, a quienes acompañó en la vigilia de cuatro días frente a la casa del acosador. Con insistencia, pidieron la correspondiente orden judicial para registrar la vivienda de Guzmán en la colonia Villas Santín, pero esta llegó demasiado tarde: la madrugada del 1 de noviembre encontraron en el interior del domicilio el cuerpo sin vida de Jessica, asfixiada en la bañera. Él mismo ha relatado que cuatro días después de raptarla, con la familia de la chica haciendo guardia en la puerta, la mató.

Ni rastro, por supuesto, de García Guzmán. Lo que sí encontró la policía fue una libreta con anotaciones que revelaron que en el patio trasero, bajo las casetas de los perros del asesino, había dos mujeres enterradas identificadas posteriormente como Martha Patricia Nava Sotelo y Adriana González Hernández. Por su parte, Frida comprobó que, aun siendo objetivo de la policía, Guzmán seguía publicando en Facebook, donde presumía de su condición de asesino en serie que daba esquinazo a la policía, y que estaba al tanto de lo que se decía de él en prensa y redes sociales. Así que decidió escribir un mensaje para llamar su atención: “Óscar García Guzmán es un pendejo. Que se siente muy grande. Aquí te estoy esperando”. Él contestó con detalles sobre las fechas en que había cometido los asesinatos y la activista se apresuró a ponerlos en conocimiento de los investigadores y la Fiscalía. El intercambio de mensajes no había hecho más que empezar. Guzmán quería saber cómo estaban sus mascotas a las que había dejado atrás para emprender su fuga y ella se ofreció – por recomendación de los investigadores – a interesarse por los animales e informarle. Se trataba de ganar tiempo hasta que pudieran localizar la IP del ordenador al que el presunto asesino se conectaba para hablar con Frida.

Fueron dos semanas de mensajes durante las cuales Guzmán llegó a amenazar con matar a otra mujer, con la que habría quedado ya a través de Facebook, pero también dio detalles sobre la tortura a la que sometió a una de las mujeres que asesinó en 2012. Se trataba de Mónica Chávez, a quien retuvo en su casa durante 17 días, después de matar a su padre, Tomás Chávez, cuando intentó defender a su hija. También dijo que a Adriana la asesinó en febrero de 2018 y a Martha Patricia en febrero de 2019. En realidad, el Monstruo de Toluca se dedicó a matar desde 2006, según él mismo escribió en una web local de noticias. Sus crímenes comenzaron con el homicidio de su padre biológico en 2006 en la misma casa de Villas de Santín donde mató a las jóvenes. En su perfil de Facebook reconoció: “después de matar a mi padre en el 2006 supe que sería un asesino en serie”. La Fiscalía General de Justicia del estado de México inhabilitó varios perfiles de Óscar García Guzmán para evitar que siguiera difundiendo publicaciones y contagiara a otros.

Por fin, en los primeros días de diciembre, la Fiscalía del estado de México lo tenía cercado gracias, en buena parte, a las conversaciones con Frida vía Facebook y Gmail. Se elaboraron redes de vínculos, seguimientos telefónicos, rastreos de cuentas en redes sociales y operativos en diversas zonas, hasta que el asesino fue ubicado en Ciudad de México el 6 de diciembre pocas horas después de que enviara un correo electrónico a Frida. Ingresado en la prisión de Almoloya acusado, en principio, del asesinato de Jessica Jaramillo, ahora es el turno de la Fiscalía para recabar pruebas suficientes contra él por el resto de asesinatos que él mismo se atribuye. Frida, por su parte, ya ha asegurado que seguirá en su lucha contra los continuos feminicidios, lacra terrible que asola, de forma brutalmente especial, su país.

Publicidad

Comentarios