José Manuel Otero Lastres, catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad de Alcalá de Henares, abogado en ejercicio y miembro de la junta directiva del Real Madrid, ha publicado su cuarta novela ‘El Afeitador de Muertos’, una historia de impecable factura que se adentra en temas tan complejos como la aleatoriedad, el alcoholismo, la culpa o la mendicidad, llegando al corazón del lector, que se verá atrapado desde las primeras líneas.

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Las novelas de Otero Lastres tienen esa virtud, enganchan al lector que abre sus páginas dispuesto a dejarse llevar. Y con ‘El Afeitador de Muertos’ (Editorial Almuzara, junio 2018), el autor hace una especie de ejercicio “más difícil todavía”. Porque su “llamada” parte esta vez de sentimientos y realidades que pueden parecer, a priori, tremendamente duras. Él mismo reconoce que llegó a pensar que se encontraba ante su novela “menos comercial”, hasta que su acogida por parte del público le quitó la razón. “Venimos de diez años muy duros”, nos explica en esta entrevista, “y la gente podría no querer leer sobre determinadas cosas”. Eso fue lo que él pensó, pero los lectores han demostrado no estar de acuerdo. Porque su historia o, más bien, la historia de Toliño, está tejida con calidez, sin juzgar, y con un final poético de los que dejan huella. Todo un acierto que merece mucho la pena leer.

Una historia que, además, invita a hacerse preguntas; en definitiva, una novela que hace pensar mientras se disfruta de una lectura intensa, amena y auténtica. Que lleva al lector a convivir con personajes tan reales como desconocidos, que se mueven entre la ternura, la culpa, el miedo al dolor y otros “motores” de la existencia que confluyen en esa aleatoriedad a la que muchos no reconocen su verdadero y definitivo poder. “Hay acontecimientos que te pueden cambiar la vida para siempre en cuestión de segundos”, dice el autor, sabedor, sin embargo, de que, en todo caso, cada persona reacciona de forma diferente ante una misma tragedia. Porque, como bien nos explica, “Hay espíritus fuertes y espíritus débiles”. “Los fuertes”, añade, “se forjan en la dificultad”. Por eso, su protagonista, Toliño, “no estaba preparado para afrontar” el terrible accidente de tráfico en el que perdió a su joven esposa embarazada. Porque ‘Jorge Lavandeira’, antes de convertirse en ‘Toliño’, “fue un ser privilegiado que nació y creció entre encajes”.

Portada del libro 'El afeitador de muertos'
Portada del libro ‘El afeitador de muertos’

Un personaje cuyos primeros 31 años de vida fueron perfectos. Hijo de familia noble, guapo, inteligente, cirujano de prestigio y recién casado con la mujer de su vida, Jorge no es capaz de dejar entrar el dolor para sentirlo en toda su dimensión hasta poder, de algún modo, seguir viviendo. Una vida marcada, sí, pero consciente. Él, sin embargo, intenta huir del dolor y en su fuga se convierte en ‘Toliño’. Pero “huir no esconde nuestro pasado, sólo pospone enfrentarnos a él”, como puede leerse en la portada de la última novela publicada por Otero Lastres. “Es un personaje pavorreal, que sólo piensa en sí mismo y se deja ir caprichosamente”, define el escritor a su protagonista. “Es fruto de una educación complaciente”, señala este autor que llegó al mundo de la ficción hace diez años y está claro que lo ha hecho para quedarse.

Lo que parece seguro es que en su próximo libro tampoco faltará el realismo social que desde el principio ha caracterizado su obra. Un realismo social que en esta novela pone el foco en los otros responsables del viaje existencial de ‘Jorge Lavandeira’ que le lleva a Cartagena de Indias, donde se convierte en ‘Toliño’: el alcoholismo o, como Otero lo llama, “la traición del alcoholismo”. El alcoholismo es alevoso”, afirma rotundo, “Vas cayendo poco a poco. Son como unas tierras movedizas con efecto retardado”.

Por eso, aunque ‘Toliño’ emprenda su “huida” con intención de empezar una nueva vida lejos del pasado, el alcohol le impedirá cualquier acción dirigida en ese sentido. Así que el protagonista volverá a sentir que “todo falla”. Porque “(…) a los herederos de la nada, el destino jamás les quita las manos del cuello. Deja de apretar a veces, pero nunca por mucho tiempo. El infausto azar quiere que tengan bien claro que, al menos para ellos, la vida es un verdadero valle de lágrimas”. (Capítulo 12)

Y con el alcohol de compañero, ‘Toliño’ continuará su descenso hacia otro profundo ejemplo del realismo social: la mendicidad. “Las ciudades están llenas de Toliños y no nos preguntamos que pasó en sus vidas”, reflexiona el autor, a sabiendas de que, como le han confesado muchos de sus lectores, después de conocer a ‘Toliño’ han empezado a preguntarse cómo era la vida de las personas que vemos cada día pidiendo en la calle, abrigadas únicamente por el “calor” de la bebida, “sin saber si ese día comerán porque ya no depende de ellos”. Así, Otero Lastres vuelve a colocarnos frente al poder de la aleatoriedad. Para que la miremos de frente, invitándonos de nuevo a pensar.

‘Toliño’ no es, en todo caso, el único personaje de profundo calado que conocemos en su novela. ‘Raquel’, la hermana de ‘Toliño’, al que lleva años buscando sin descanso, es un personaje de mucho peso en la historia. Sobre todo, en el poético y “redondo” final. Ella es, de alguna manera, el contrapunto del hermano desaparecido. La que se queda, con su vida también marcada. Y generosa, a pesar del dolor al que en realidad les condenó ‘Toliño’ con su desaparición inexplicada. Es ‘Raquel’ quien le acompañará en un final que, gracias a ella, no será tan oscuro. Sin reproches, es capaz de dejar salir únicamente su ternura, un sentimiento que también marca muchas páginas de la novela y del que Otero Lastres se vale – a través de “Grelo” – para hacer un bello homenaje al amor incondicional de los perros, que al contrario que los humanos, “nunca miran el pedigrí de sus dueños”.

A Otero Lastres ya le rondan en la cabeza dos temas, aunque ahora, con ‘El Afeitador de Muertos’ ya publicado, se ha tomado un pequeño descanso. “Una vez que me vacío, tengo que volver a llenarme”, nos explica al final de la entrevista el autor gallego, con esa mirada curiosa de los escritores que aún tienen mucho que contar.

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