Las bandas callejeras londinenses se enfrentan desde hace años por controlar su territorio y de acuerdo con un informe del Parlamento británico, el 21% de los casos de posesión de armas blancas tiene que ver con chicos de edades comprendidas entre los 10 y los 17 años.

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El aumento de ataques a punta de cuchillo a menores de 21 años aumentó un 22% el año pasado y obligó a Scotland Yard a emplearse a fondo en la llamada “Operation Teal”, que se saldó con 3.300 detenciones entre junio y diciembre. Los asesinatos, sin embargo, siguen en aumento. Cinco asesinados y una docena de heridos en nueve días es el balance de la pasada semana en Londres, la ciudad que lleva años viendo cómo los miembros, cada vez más jóvenes, de las bandas callejeras zanjan sus disputas a puñaladas en plena calle. Un preocupante fenómeno que se extiende ya por todo el país. Porque a las “supergangs” londinenses que se disputan el control de los distritos – ‘True Family Loyatly’ y ‘Church Road Soldiers’ en el norte de la ciudad; ‘Custim House Gang’ y ‘London Fields’ en el este; ‘Section 18’ y ‘Mozart Blood’ en el oeste y los ‘Woolwich Boys’, al sur del Támesis, se les ha quedado pequeña la capital y están a la conquista del extrarradio y de los Midlands.

Desde 2010, cuando David Cameron puso en marcha las políticas de austeridad, con Theresa May como secretaria de Interior, los presupuestos policiales se han recortado un 18%, empezando por la reducción del número de agentes. Y en este mismo período, la criminalidad experimentaba un repunte del 30% en Inglaterra, especialmente en Londres. El gobierno conservador, ahora con Theresa May a la cabeza, ha reducido a mínimos históricos el número de ‘bobbies’ que patrullan las calles londinenses a pesar de las imperantes llamadas de ayuda que lanzan los que están al frente de la seguridad en las calles, muy lejos de los despachos de los políticos.

El alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, lleva años exigiendo públicamente a las autoridades del país que acepten que el problema es de carácter nacional, por lo que “requiere de una solución nacional” y critica al Gobierno conservador “por haber diezmado los servicios sociales”, dejando desamparados a los más jóvenes. Para Khan es prioritario trazar un plan a largo plazo que involucre a las autoridades sanitarias, las educativas y los servicios sociales a nivel nacional, aunque en la ciudad de la que es regidor ya se han implementado medidas para atajar la preocupante situación. Khan se ha inspirado en la estrategia que puso en práctica hace más de una década la ciudad escocesa de Glasgow, que abordó por primera vez los crímenes con cuchillo como un problema de salud pública, además de como un asunto policial.

Glasgow era a principios de los 2000 una de las ciudades europeas con mayor tasa de homicidios. Entre 2006 y 2011, murieron acuchillados 15 niños y adolescentes, pero entre 2011 y 2016 no hubo más apuñalamientos. El alcalde de Londres sabe que para ver los resultados en la capital británica pueden necesitarse al menos diez años, pero la ciudad ya ha invertido 1,4 millones de libras (1,6 millones de euros) en contratar a trabajadores sociales para que estén en las urgencias de diversos hospitales de la ciudad y traten de alejar de la violencia a jóvenes heridos en incidentes con cuchillos. También ha destinado 2 millones de libras a programas para ayudar a buscar empleo y a mejorar la educación en jóvenes involucrados en bandas violentas o en riesgo de ser captados por ellas y ha puesto en marcha un programa de apoyo real en los colegios para que puedan asesorar de forma práctica a los estudiantes y sus familias.

Cressida Dick, jefa de la Policía Metropolitana de Londres, reconocía en público que el incremento de la violencia callejera es un problema real y admitía, asimismo, que existe una indudable “conexión entre los recortes policiales y el tráfico de drogas”. Y a pesar de que ha conseguido que este año se aumente el presupuesto en 120 millones de euros para luchar contra los crímenes de arma blanca, Dick avisa de que los evidentes cambios en la situación financiera y económica de la población “afectan, directa e indirectamente, a los más jóvenes”. Es decir, a su juicio, los recortes serían responsables de este brote de violencia pero no solo porque haya menos seguridad, sino porque “los jóvenes han perdido muchos apoyos comunitarios” y han tenido que buscarse la vida en las calles.

Otro de los orígenes de la crisis social que vive la capital de nueve millones de habitantes está, según Cressida Dick, primera mujer en ascender al puesto más alto del cuerpo policial más grande de Reino Unido y más antiguo del mundo, en las redes sociales, a las que culpa de rodear a la violencia de una especie de glamour. Y contra ellas se ha empezado a dirigir parte de la lucha que libra la policía de la ciudad. Gracias a las presiones del departamento de policía, YouTube, por ejemplo, se ha visto obligado a eliminar decenas de vídeos de un subgénero del rap conocido como “trap and drill”, en el que los cantantes de las diferentes bandas de Londres aparecen enmascarados, armados con machetes de gran tamaño y con discursos que incitan a la guerra callejera.

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