En 1997 y a modo de una especie de lista negra, Estados Unidos empezó a publicar la poco conocida “Lista de Entidades”, un registro de nombres extranjeros (compañías, centros de investigación, gobiernos y empresarios) sospechosos de participar en actividades nucleares que potencialmente podían estar usando productos estadounidenses.

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No obstante, este primer “motivo” para verse incluido en tan indeseable elenco se fue ampliando hasta llegar, en la actualidad, a incluir cualquier nombre relacionado con actividades sancionadas por el Departamento de Estado, por ejemplo, contrarias a los intereses de seguridad nacional o que interfieran en la política exterior de Estados Unidos. La decisión de incluir a una empresa extranjera en la “Entity List” se toma de manera conjunta por representantes de los departamentos de Comercio, Estado, Defensa y Energía, que valoran si se cumplen los criterios requeridos. Una vez acordada su inclusión, quedan prohibidas las ventas, exportaciones, reexportaciones o transferencias de todos los productos de origen estadounidense (materias primas, software o cualquier tipo de producto o tecnología) hacia la empresa en cuestión.

A lo largo de estos años, la lista de sancionados que publica el Departamento de Comercio de Estados Unidos no ha hecho más que crecer. Hoy ya suma más de 280 páginas, donde figuran entidades de decenas de países alrededor del mundo, algunas procedentes de lugares claramente hostiles para Washington, como es el caso de Irán, y también muchas otras con bandera de países “amigos”, como Francia, Gran Bretaña, Alemania y Bélgica. Una tercera parte de la lista, 90 páginas, está formada por entidades radicadas en Rusia, mientras que China supera las 40 y de América Latina destacan cinco países: Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Panamá. Pero si esta lista se ha hecho ahora “famosa” ha sido, sin duda, por el caso Huawei, la mayor empresa que ha sido agregada a la “Entity List” en toda su historia.

Desde que Donald Trump ordenó incluir el nombre de este imperio tecnológico chino, importantes empresas estadounidenses, incluyendo Google – los usuarios de Huawei tendrán que buscar nuevas aplicaciones para reemplazar al citado buscador – , se apresuraron a anunciar el cese de sus relaciones con el mismo. Además, los dispositivos de Huawei utilizan muchos componentes de empresas estadounidenses, como Qualcomm, empresa que ya está comprobando en su balance el impacto de la medida. Y es que la mayor fortaleza de la “Entity List” reside en que, al prohibir la venta de productos estadounidenses a esas compañías extranjeras, muchas veces estas pueden quedar en una situación comprometida debido a que su modelo de negocio depende de contar con componentes o productos procedentes de EE.UU.

Esta herramienta punitiva cuenta, por otra parte, con elementos que la hacen aún más “temible”, porque permite aplicar sanciones sin tener que cumplir con los rígidos requísitos requeridos por un proceso criminal o civil. Es decir, sin esperar a que un juez dicte sentencia después de, en el mejor de los casos, años empelados en la típica lucha procesal contra los abogados de la empresa acusada. También puede aplicarse “con la intensidad que requiera la situación” y, en definitiva, otorga al gobierno de Estados Unidos una gran influencia sobre las empresas extranjeras. Que Estados Unidos y China sigan manteniendo un cruento pulso a cuenta de los aranceles no es algo que pueda olvidarse a la hora de explicar esta medida contra Huawei, empresa que, por su parte, siempre ha contado con el apoyo del gobierno de su país, aunque los motivos oficiales para incluirla en la lista han sido la violación de sanciones y el juicio penal que enfrenta Meng Wanzhou, hija del fundador y directora financiera del imperio, que fue detenida en Canadá a petición de Estados Unidos, que, además, acusa a compañía de “colaborar” en un presunto espionaje por parte de China. En todo caso, a nadie se le escapa que al final lo que realmente parece mover esta guerra, como tantas otras, es el dinero: la rivalidad comercial de Huawei con empresas estadounidenses por el desarrollo de las futuras redes 5G.

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