Las necesidades nutricionales de las mujeres van cambiando durante los diferentes periodos de su vida, desde que son bebés en lactancia hasta que son adultas en la postmenopausia.

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Así se expuso en el taller Nutrición y ciclo vital de las mujeres, impartido por Cristina Calderón Sánchez, nutricionista del Hospital General de Villalba, perteneciente a la red sanitaria pública de la Comunidad de Madrid, y celebrado en el marco de las campañas “Gestionar el tiempo para vivir mejor: convivencia en igualdad y autonomía”, impulsadas por el Área de la Mujer de Collado Villalba.

“Las mujeres debemos gestionar ciertos desequilibrios nutricionales en determinados periodos de nuestra vida, sobre todo por los cambios hormonales en etapas especiales, por lo que debemos cuidar más la alimentación que seguimos”, afirmó Calderón, señalando que “´estas suelen darse a partir de la adolescencia, cuando empezamos con la menstruación, la gestación, la lactancia y la menopausia”.

Así mismo, hizo hincapié en la diferencia de dichas etapas con respecto al hombre. Y es que los cambios a nivel hormonal en la mujer son distintos a los que se dan en ellos. Así, en palabras de la nutricionista, los hombres también tienen picos de algunas hormonas, pero a diferente nivel y con distintos síntomas. Por ejemplo, las hormonas femeninas en edad fértil ejercen un papel protector que ayuda a regular los excesos de grasa, disminuyendo el riesgo cardiovascular. “Por eso -advirtió-, muchas veces ese riesgo cardiovascular aumenta cuando llega la postmenopausia”.

Las claves de la alimentación durante la menstruación y la lactancia

Durante el taller, la experta compartió con las asistentes al mismo algunos consejos para las mujeres en edad reproductiva que puedan estar afrontando dos periodos claves en su vida: la menstruación y la lactancia.

Generalmente, en los días previos a la menstruación las mujeres suelen experimentar una mayor sensación de hambre o ansiedad. “El útero se está preparando para poder albergar un bebé, que va a necesitar nutrientes, por lo que el cuerpo demanda más energía, normalmente en forma de hidratos de carbono, que es la principal fuente de esta que tenemos y que solemos absorber de forma más rápida”, apuntó.

En este sentido, es importante combinar una alimentación saludable con ejercicio físico regulado, que ayuda a mantener el organismo estable y reduce los niveles de ansiedad y de tensión. “También podemos recurrir a hidratos de carbono, que calman la ansiedad y sacian, ya que tardan en absorberse y satisfacen por tanto en mayor medida la sensación de hambre, sobre todo los cereales integrales como la avena, o incluso las legumbres en todas sus formas (en ensaladas, cremas…)”, sugirió.

Respecto al caso de la lactancia, el control de la alimentación es fundamental, ya que de ella depende la nutrición que se aporta al bebé. Por eso es preciso tomar ciertas precauciones, prestando especial atención a alimentos con cafeína o comidas muy grasas. “Así mismo, también es importante mantener una buena alimentación después del parto para que la leche materna tenga la mayor variedad de nutrientes positivos y el sistema inmunitario del bebé pueda formarse de forma adecuada, contribuyendo a evitarle, o a recuperarse mejor, de algunas de las patologías que surgen a lo largo de la infancia”, concluyó Calderón.

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