El sistema de Seguridad Social contaba con 19.455.384 cotizantes y 8.705.707 pensionistas a cierre del año pasado, lo que da 2,23 afiliados por cada perceptor de una pensión, marcando así el peor dato de la serie histórica desde 1999.

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El equilibrio entre cotizantes y pensionistas ha empeorado ligeramente respecto a 2016, cuando se situaba en 2,27 cotizantes por jubilado, debido a que mientras que el número de pensionistas ha aumentado en más de 96.000, el de cotizantes (trabajadores y desempleados) ha disminuido en 129.271 personas.

A cierre de 2017, el balance anual que facilita el Ministerio de Empleo y Seguridad Social muestra que hubo un total de 19,45 millones de afiliados, de los cuales 18,33 millones eran trabajadores y los otros 1,12 millones eran desempleados, que contribuyen al sistema a través de las cotizaciones que incluye el subsidio de paro.

Al tener en cuenta tanto a trabajadores como a desempleados, el número total de cotizantes al sistema se ha reducido en 129.271 personas en último año. Por su parte, el número de pensionistas no ha parado de crecer hasta aumentar en más de un millón en la última década, y sólo durante 2017 sumó casi 100.000 personas.

De los 8,7 millones de pensionistas a cierre de 2017, la mayor parte, 5,7 millones, eran perceptores de una pensión de jubilación, mientras que 1,7 millones eran de viudedad, 942.000 de incapacidad permanente, 323.000 de orfandad y casi 40.000 a favor familiar.

Todos estos datos ponen cada vez más en duda la sostenibilidad de las pensiones en los próximos años por mucho que el Gobierno mande mensajes de tranquilidad.  Si tenemos en cuenta el número total de afiliados (ocupados y desempleados) el sistema sólo ganó 1,33 cotizantes por cada nuevo pensionista en 2017. Los más de 610.000 nuevos trabajadores afiliados que se registraron a cierre de año no parecen ser suficientes para garantizar el modelo.

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