Los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid acogerán de enero a junio de 2018 un total de 45 propuestas de creación contemporánea que incluyen teatro, música y danza, con la presencia de artistas como Angélica Liddell, Rodrigo García, Thomas Ostermeier o la Compañía Nacional de Danza y el estreno absoluto del nuevo trabajo de Albert Boadella, la ópera ‘El Pintor’ sobre la figura de Pablo Picasso.

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La programación del que ya se ha convertido en gran espacio para la cultura en Madrid sigue en 2018 apostando por la vanguardia escénica y la internacionalización de sus autores y directores, recuperando para nuestro país a quienes más reconocidos son fuera de él, como Rodrigo García o Angélica Liddell. La presente temporada, que abarca asimismo los espectáculos de los últimos cuatro meses de 2017 -la Comunidad de Madrid ha informado que bajo la dirección de Natalia Álvarez Simó, después de la dimisión de Àlex Rigola, se ha vendido un 96% de las entradas disponibles-, sigue una línea general de transversalidad capaz de romper con los espacios escénicos.

El nuevo año se inaugura en el Canal el próximo 12 de enero con Jan Fabre y su Performance de 24 horas inspirada en la cara oscura de la tragedia griega ‘Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy Duración’, un espectáculo en inglés, francés, alemán, holandés e italiano con subtítulos en español cuya acción sucede entre el siempre y el nunca, entre el ayer y el mañana.

Cuatro generaciones de actores, tramoyistas y dramaturgos se dan cita sobre el escenario en el que Fabre va construyendo sus imágenes a partir de sueños robados, un “paisaje temporal que se hincha y se encoge”. Inspirándose en la cara más oscura de la tragedia griega (Antígona, Prometeo, Edipo, Electra), tras 30 años de experiencia Jan Fabre observa desde una nueva perspectiva los límites de lo que se puede decir y mostrar en escena. Una experiencia teatral en el sentido más estricto de la palabra para la que ya no quedan entradas.

Como tampoco quedan ya localidades para ‘SomosDanza’, el espectáculo familiar de danza-teatro con coreografías de la historia de la danza para todos los públicos que recalará en la Sala Negra los días 20 y 21 de enero y 17 y 18 de febrero. Un espectáculo didáctico de danza-teatro en el que cinco bailarines dan vida a coreografías de grandes creadores de los siglos XX y XXI: Isadora Duncan, Mary Wigman, Martha Graham, Merce Cunningham, Pina Bausch, Steve Paxton y La Ribot mientras suenan en directo partituras de Vivaldi, Beethoven o Chopin, en convivencia con los ritmos más actuales de Miles Davis, Chet Baker o el propio John Cage.

El 21 de febrero será el turno de Philippe Quesne –durante 10 años diseñó escenarios hasta que fundó la compañía Vivarium Studio con pintores, actores, bailarines, músicos y animales- y su ‘La Mélancolie des Dragons’, un espectáculo en francés con subtítulos en español que presenta un espacio entre los sueños y la materia del que podrá verse una única representación. También la compañía Peeping Tom recalará en Madrid con ‘Moeder’ (Madre), la segunda entrega de la trilogía sobre una familia que comenzó con ‘Vader’ (Padre) en 2014 y terminará con ‘Kinderen’ (Hijos). Lo hará en dos fechas consecutivas, 16 y 17 de marzo, y las entradas ya están agotadas para ambas representaciones.

Thomas Ostermeier y la Schaubühne Berlin presentarán, por su parte, ‘Die Ehe der Maria Braun’, y Fragan Gehlker, Alexis Auffray y Maroussia Diaz Verbèke estarán en la capital con ‘Le Vide – essai de cirque’, espectáculo inspirado en el mito de Sísifo. Además, La Tristura recalará en dos ocasiones en los teatros con ‘Future Lovers’, del 5 al 8 de abril y el viernes 1 de junio.

Siguiendo la estela de CINE, su anterior producción, La Tristura trata de desdibujar los límites de lo teatral y se cuestiona las fronteras entre ficción y documental, entre la presentación y la representación, para que sea el espectador quien decida entonces la posición desde la que interpretar lo que sucede en escena.

Angélica Liddell regresará a los escenarios españoles los días 23 y 24 de mayo para presentar su Trilogía del Infinito, una obra inspirada en la poeta Emily Dickinson, y Rodrigo García pisa de nuevo las tablas de la Sala Verde con ‘Evel Knievel contra Macbeth na terra do finado Humberto’, coproducida por los Teatros del Canal. Se trata de una epopeya que transcurre entre dos puestos de acarajés, el de Dinha y el de Cira, en Salvador de Bahía, donde Orson Welles, disfrazado de Macbeth, se ha hecho con el control de la región y ha reinstaurado la esclavitud.

Además, los Teatros del Canal será coproductor en muchos de los espectáculos que acogerá a lo largo de la temporada, como es el caso de ‘La tristeza de los ogros’, de Fabrice Murgia y ‘El corazón de las tinieblas, de Darío Facal, un ensayo escénico que reflexiona sobre las formas del mal que estará en cártel del 24 de abril al 13 de mayo. A partir de la novela de Joseph Conrad, Facal se adentra en la historia de la exploración del continente africano y de la explotación impune de sus recursos naturales desde el brutal colonialismo decimonónico hasta sus consecuencias en la actualidad.

La novela narra el viaje de Marlow a través del río Congo: un viaje hacia lo desconocido, hacia las profundidades del miedo, hacia ese lugar en el que el significado moral de nuestros actos empieza a ser confuso.

Del 8 al 11 de febrero llegará el que es, sin duda, uno de los platos más fuertes del 2018 en los Teatros del Canal: el estreno absoluto de la producción, junto con el Teatro Real, de El pintor, la ópera de Albert Boadella que plantea una mirada crítica sobre la vida y obra de Picasso. El propio Albert Boadella presenta su ópera hablando del protagonista de la misma: “Nadie le puede negar su trazo genial. Incluso en los centenares y miles de disparates aparece siempre un detalle de su infinita gracia. Desde la infancia parecía un ser nacido solo para pintar. Sin embargo, asistimos a la paradoja de cómo el pincel más dotado del siglo XX fue también quien le asestó el golpe letal al arte pictórico”.

Y añade, “A semejanza de un Atila de las artes, por allí por donde pasó el pintor no volvió a crecer la pintura. La convirtió en ‘artes plásticas’ entregadas a la producción intensiva. Sometidas a las ocurrencias de la novedad compulsiva. Cinco, diez, veinte obras diarias, y el mercado financiero se rindió exaltado y eufórico ante él. Ya no era el valor formal y emocional de la obra sino la pura especulación comercial la que marcaba el camino de lo valioso y lo desechable.

Con su prodigiosa astucia y el apoyo fiel de sus cofrades políticos logró ser ensalzado por los medios como el genio supremo. Fue el hombre anuncio de sus propios éxitos pero la culminación de su gloria llegaría con la apoteosis de lo monstruoso. Un aquelarre de formas descarnadas y desmedidas, regodeándose en un delirio de feísmo. ¿Existió alguna inspiración divina o diabólica que guió al Pintor hacia un éxito tan duradero? Esta ópera se adentra en estos momentos cruciales de su vida. Allí donde un artista decide entre la entereza o la declinación hacia oro y la fama”.

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