Lo que en realidad ha colocado a Meghan Markle en el centro de una tormenta que pocos veían venir, al menos no tan pronto, han sido las especulaciones en los medios de comunicación acerca de la causa que llevó a Melissa, de quien solo se conoce su nombre de pila, a renunciar a un puesto tan atractivo como el de asistente personal de la mujer que conquistó el corazón del mismísimo príncipe Harry. Y ya sabemos que a la hora de especular, los tabloides británicos hace tiempo que lucen galones mejor que nadie.

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Solo han pasado seis meses de la glamurosa boda del príncipe Harry con la ex actriz Meghan Markle y hasta ahora todo parecía perfecto. Antes de la boda, la acogida que el público y la propia familia real brindaron a la californiana de 37 años no pudo ser mejor. Por lo menos, de cara a la galería. Además, la reina estaba encantada viendo a su díscolo nieto sentando la cabeza y eso bastaba a sus súbditos para mirar con buenos ojos a la mujer que lo había conseguido. Atrás parecían haber quedado las estrictas normas de la tradicional corona británica que, en un principio, se pensó que chocarían con el hecho de que Markle fuera mestiza, divorciada y con una familia – sobre todo el padre y su medio hermana Samantha – dispuesta a ponerle palos entre las ruedas de su romántico sueño de convertirse en “princesa”, duquesa de Essex en este caso.

De hecho, se pensó que a la siempre elegante norteamericana los problemas le iban a llegar desde esa parte de la familia que parecía haberse aliado con el enemigo. Sin embargo, las declaraciones de su estrambótico padre y de su hermana se tomaron en Reino Unido como prueba de una envidia digerida sin inteligencia y el hecho de que su padre no la acompañara al altar, en lugar de un problema sirvió a Meghan para marcarse un tanto extraordinario. El eterno heredero de la corona hacía las veces de padrino para doble disfrute de los fanáticos seguidores de la familia real británica, que se cuentan a miles y son realmente apasionados.

Meghan Markle y Harry
Meghan Markle y Harry

Las cosas no podían estar más tranquilas en el Palacio de Kensington, de puertas para afuera. El anuncio de su embarazo y la posterior gira por Australia – siempre una prueba de fuego para los recién llegados a la familia Windsor – fueron recibidos con entusiasmo a pesar de que ya empezaban a enredar las malas lenguas. Sin embargo, la bomba familiar que amenazaba desde el otro lado del Atlántico parecía haber quedado definitivamente neutralizada, con el padre devuelto a su anonimato y la hermana pidiendo perdón a Megan públicamente en un programa de televisión. Además, la madre de Meghan se mudaba a Londres para arropar a su hija y las imágenes de la pareja real seguían destilando romance y elegancia por todas partes.

Ya ni siquiera se hablaba de la poca sintonía que, según algunos, se tenían ambas cuñadas y al hiperactivo carácter de Meghan, que sirvió para ponerle el apodo de “huracán Markle”, se hacía referencia solo para destacar su compromiso con su nueva vida y su determinación por hacerlo todo como se espera de ella. Hasta que la pasada semana el diario británico The Daily Mail publicaba la dimisión de Melissa por motivos desconocidos y se abría la puerta al deporte nacional, más bien internacional, de ponerse a especular. Más aún cuando el portavoz del Palacio de Kensington declinaba hacer comentarios al respecto, limitándose a elogiar el trabajo de Melissa y decir que echarán de menos su “talento” y “habilidad profesional”.

Por supuesto, estas explicaciones lejos de satisfacer a los medios que ya tenían algunos desencuentros con los Windsor en torno a la publicación del libro “Carlos, a los 70”, del biógrafo Robert Jobson, han alentado a quienes hasta ahora no se habían atrevido a hablar sobre la esposa del hijo menor del príncipe Carlos. Se acababa de inaugurar la veda. Gina Helthorpe-Cowne, antigua asistente de Meghan, fue la primera en cantar sobre su experiencia con la duquesa y la posible razón por la que Melissa habría renunciado. Y, como se temía, la duquesa de Sussex no sale muy bien parada. Helthorpe-Cowne la tacha de prepotente y demasiado exigente.

Asegura que la duquesa envía constantemente mensajes de texto a sus asistentes desde que se levanta, a las 5 de la mañana, y que en ocasiones no se entienden sus demandas. Quizás porque ingleses y norteamericanos se parecen mucho menos de lo que ellos piensan. Tampoco agrada a los asistentes “oficiales” que Markle cuente con su propio equipo, un grupo de amigos íntimos externos a la Casa Real inglesa que la han ayudado en su nueva vida, como Lindsay Roth o la estilista Jessica Mulroney, su mejor amiga. Rivalidades entre cortesanos.

Meghan Markle y Catalina de Cambridge
Meghan Markle y Catalina de Cambridge

En el citado libro, que tan poca gracia ha hecho en la casa Windsor, también se cuenta que la orden del príncipe Harry al personal de palacio en relación a su esposa se traduce en una frase de muy pocas palabras: “what Meghan wants, Meghan gets”, es decir, “lo que Meghan quiere, Meghan lo obtiene”. Una orden que ha provocado conflictos con Kate Middleton, mucho más dócil y con años de aprendizaje, quien habría pedido en repetidas ocasiones a Merkle que moderase sus modales con el personal de servicio, hasta que terminó dándose por vencida demostrando una elegancia que algunos confundieron con miedo a verse eclipsada por su cuñada. Según este mismo libro, la reina también habría advertido a su nieto (favorito) Harry del difícil carácter de Meghan: la recién llegada no se amilanó ante Isabel II cuando “discutieron” sobre la tiara que iba a lucir la duquesa en su boda y no eligió la de esmeraldas que proponía la reina, porque quería conocer con precisión el origen de las piedras preciosas.

Ahora también se ha sabido que a la soberana no le pareció bien que Meghan llevara velo en la boda, ya que se trataba de su segundo matrimonio, ni que optase por un vestido tan blanco, por la misma razón. Lo que sí parece comprobado es que se ha pedido a Meghan que deje de vestirse siempre como una estrella de Hollywood y adopte el estilo “royal” o que no se vista de negro, el color que tradicionalmente reserva la realeza solo para el luto, ni enseñe las piernas varios centímetros por encima de la rodilla.. No parece que Meghan tenga intención de adaptarse hasta ese punto, más bien da la impresión de que está dispuesta a ser ella quien introduzca algunos cambios en la familia real, empezando por ella. Por su estilo a la hora de vestir, la estrecha relación que sigue manteniendo con sus amigos o por la forma que elige para moverse de un lugar a otro.

‘The Daily Mail’ resumía el pasado domingo este conjunto de “anécdotas” con el titular de “la otra cara de Meghan Markle”, que ya lo dice todo. Para el veterano periódico británico Merkle es una mujer con mucho carácter a la que nadie le dice qué tiene que hacer y que en tiempo record ha conseguido imponer sus ideas en el Palacio de Kensington, rompiendo con la paz de la Casa Real inglesa. Decidida a hacer las cosas a su manera desde que se levanta, dispuesta a enterrar las reglas que hasta ahora ordenaban la vida en el “tranquilo” Palacio de Kensington.

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