Durante los últimos meses ha aumentado el número de voces que piden una “reforma estructural” dentro del sistema. El rechazo del ayatolá Jamenei al presupuesto de este año busca mayores fondos para los proyectos militares. Muy alejado de lo que pide la opinión pública. El clima de crispación no deja de crecer.

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Irán está en crisis.

El 40º aniversario de la revolución muestra a una República Islámica en dificultades. Hacia afuera, el régimen sigue desafiando al mundo con su intromisión en conflictos regionales. Desde pruebas de misiles balísticos hasta exhibiciones militares en el golfo Pérsico.

De puertas adentro, Irán sufre una grave corrupción institucional. La mala gestión ha desembocado en protestas laborales quedando así evidenciado el creciente descontento de la población.

“Hoy el país se enfrenta a una gran presión y a las mayores sanciones económicas de los últimos 40 años”, declaró el presidente Rohaní a finales de enero, reconociendo la gravedad de la situación. El gobernante responsabilizó principalmente a EE.UU. y aconsejó que “no se debe culpar a este Gobierno ni al sistema islámico”.

Hoy a los jóvenes les cuesta entender por qué su voto se diluye en un sistema que frena cualquier cambio mediante un serie de órganos bajo el control de un líder supremo. El ayatolá Ali Jamenei reside en la cúspide del poder de la República Islámica de Irán. En su día, este lider recibió el respaldo mayoritario de los iraníes, sin embargo, hoy, dos tercios de los 82 millones de habitantes de Irán no vivieron la revolución pero sí sus consecuencias.

Hamed, un ingeniero de 28 años, no se siente identificado con la Constitución. “Muchos creemos que la religión no debe meterse en la política; tenemos derecho a determinar nuestro sistema político”, expone Hamed.

Otros jóvenes tampoco se explican como Irán, un país con las mayores resrvas de hidrocarburos, gas y petróleo no ha sido capaz de desarrollar sus infraestructuras ni crear empleos. Esta situación ha provocado que muchos jóvenes iraníes hayan optado por la emigración como única alternativa laboral.

En concreto, la condena de la emigración es un aspecto sumamente delicado. Los jóvenes no cesan en criticar la actuación del Gobierno y denuncian el interés de la República en destinar recursos para proyectos militares y asisitencia a grupos ideologógicos afines en Siria, Irak, Líbano o Yemen.

Graves sanciones económicas

Desde que el pasado año, Donald Trump sacara a Estados Unidos del acuerdo nuclear alcanzado en Viena en 2015, Irán está sufriendo unas severas sanciones económicas. Sin duda, los efectos han sido catastróficos hasta el momento. El rial, la divisa iraní, llegó a perder dos tercios de su valor. Y lo que es más grave, las medidas financieras están dificultando las importaciones de venta de petróleo; principal fuente de ingresos del país.

¿Quiénes son los culpables?

Para muchos iraníes, la raiz del problema está tanto en la estructura de poder de la República Islámica como en sus pilares ideológicos. Desde el principio, ambos han apuntado a una idealizada independencia política con deriva en el asilamiento.

Hossein Raghfar, profesor de economía de la Universidad Al Zahra de Teherán, considera que la actual crisis es fruto de haber abandonado la ideología revolucionaria y haber pasado de “proteger a los necesitados a proteger al capital”.

En su opinión, la situación económica está llevando a los iraníes a cuestionar la legitimidad del sistema. “La indignación y las protestas provocarán un cambio de rumbo, o darán pie a crisis mayores”, percibe Houssein.

Conclusión

Por primera vez en 40 años hay un debate serio sobre si la República Islámica puede sobrevivir en su forma actual. Sin embargo, las muestras de descontento están muy lejos de los niveles que alcanzaron en 1979. Ya que, esta vez, no se ha logrado el apoyo de las élites urbanas.

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