El único presidente de la historia de Kazajistán, Nursultán Nazarbayev, anunció a su pueblo por televisión que abandona el poder después de casi treinta años. No aclaró el motivo, limitándose a explicar que será el líder de la cámara alta del Parlamento, Kassym-Jomart Tokayev, quien ocupe su cargo hasta las próximas elecciones de 2020.

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La inesperada renuncia de Nursultán Nazarbayev tras mantenerse casi tres décadas en el cargo de presidente del noveno país más grande del mundo ha causado verdadera sorpresa en su país y, también, más allá de sus fronteras. Porque en estos últimos veintiocho años, logró “sobrevivir” a la caída de la Unión Soviética, ocurrida cuando ocupaba el poderosísimo cargo de primer secretario del Partido Comunista Kazajo, y ganar todas las elecciones presidenciales celebradas en su país desde que el mismo se convirtió en una nueva república independiente. Nacido en 1940 en el seno de una familia nómada de las frías montañas, Nazarbayev fue, en todo caso, el único candidato que se presentó a aquellas primeras elecciones para escoger al presidente de la nueva república. Las ganó por amplia mayoría y aunque en un principio el mandato era para cuatro años, un posterior decreto le permitió “alargarlo” durante los siete años siguientes y, más tarde, una ley aprobada por el parlamento le autorizó a presentarse a la reelección de forma indefinida. Lo hizo y siguió ganado todas las elecciones por un margen superior al de la primera votación, a pesar de las denuncias de la oposición y de algunos observadores internacionales en relación a los procesos electorales.

Putin con Nursultán Nazarbayev
Putin con Nursultán Nazarbayev

Nazarbáyev se convirtió así en uno de los mandatarios más longevos, aunque no sea eso lo que más llame la atención sobre su figura. A diferencia de otros presidentes que se perpetúan en el poder, el ex líder comunista hizo en su país, un inmenso territorio de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, ambiciosos cambios estratégicos que colocaron a Kazajistán, una nación sumamente empobrecida durante la era soviética, en el mapa de desarrollo de la región. A su llegada, Nazarbáyev promovió, por ejemplo, la insólita reforma del mercado que eliminaba las barreras a las inversiones extranjeras, lo que se tradujo en unas ganancias de más de 200.000 millones de dólares en inversión directa, según cifras oficiales. Se ocupó, además, de establecer fuertes políticas de control estatal, cuyas consecuencias fueron que el país, claramente multiétnico y con más de 17 millones de habitantes, se convirtiera en una de las naciones más estables dentro de una región caracterizada por los continuos brotes de violencia étnica.

El presidente de 78 años, para muchos un héroe del país, también quiso que no fuera la política exterior la que gobernase la economía. Es decir, con independencia de los lazos “afectivos” que se pudieran sentir, Nazarbáyev se encargó de desarrollar una política exterior que llamó de “múltiples vectores” y que, básicamente, consiste en establecer relaciones comerciales con la mayoría de las naciones, independientemente de las alianzas políticas. Esto explica los estrechos lazos comerciales de Kazajistán tanto con Estados Unidos como con Rusia y China o con la Unión Europea, lo que, a su vez, ha llevado a sea la nación exsoviética con más protagonismo en el campo político internacional, participando incluso en el Consejo de Seguridad de la ONU. Además, por su ubicación entre Rusia, China, Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguistán, el país, segundo productor de petróleo en el área, es visto como un corredor indispensable entre Asia Oriental y Oriente Medio y en la actualidad es la mayor economía de las antiguas repúblicas soviéticas, cuenta con enormes reservas de gas, volframio, zinc o plata y es el principal exportador de uranio a nivel internacional.

Nursultán Nazarbayev
Nursultán Nazarbayev

Por supuesto, a Nursultán Nazarbayev, el único presidente de la nación centro asiática desde su salida de la Unión Soviética en 1991, no le faltan críticos dentro y fuera de su país. Para muchos, se ha beneficiado en exceso de las reformas económicas implantadas en el país que le han convertido en uno de los hombres más ricos de Asia Central, con una fortuna calculada en los 1.000 millones de dólares según la revista Forbes. Le afean también su megalomanía, que ha llevado a sembrar el país de imágenes suyas y a que su nombre figure en aeropuertos, centros comerciales, calles, edificios o escuelas. La oposición cuestiona asimismo su uso “desmesurado” del poder, que ha implicado, entre otras medidas sorprendentes, que la capital del país se mudara de ciudad y se haya ordenado cambiar el alfabeto nacional.

En 1994, Nazarbáyev tomó la decisión de mudar la sede del gobierno de Almaty a Astaná, una ciudad de las frías estepas al norte del país, que empezó a construirse de inmediato. Convocó a renombrados arquitectos para realizar su diseño, marcado por edificios de corte faraónico con sus correspondientes pirámides, conos y demás estructuras de carácter geométrico, en uno de los proyectos de urbanización más caros del mundo. Se estrenó en 1998 y desde entonces, Astaná ostenta el récord de ser la segunda capital más fría del mundo, después de la mongola Ulán Bator. Sin embargo, más que el “caprichoso” cambio de capital, a Nazarbáyev le han criticado su orden para que el país abandone la forma de escritura cirílica adoptada en 1940 y pase a usar un alfabeto nuevo basado en el latino, en el que puso a trabajar a un grupo de expertos lingüistas, como había hecho antes con los mejores arquitectos para construir Astaná.

Al otro lado, sus opositores denuncian al mandatario en los foros internacionales por silenciar la voz de la disidencia interna y un informe de Amnistía Internacional advierte de que la “lucha por la sucesión” después de la renuncia de Nazarbáyev y el deterioro de la economía por la caída de los precios del petróleo y la crisis en Rusia, han llevado a que la situación de los derechos humanos en Kazajistán pueda verse en peligro. El organismo internacional asegura que cada vez son más frecuentes los procesos judiciales, las agresiones o las citaciones de los servicios de seguridad a los opositores, mientras los medios de comunicación e internet están controlados por el gobierno. Por su parte, desde la organización Reporteros sin Fronteras se asegura que la ley kazaja contempla serias restricciones a la libertad de prensa, con penas de prisión por el delito de atentar contra “el honor y la dignidad” del presidente desde la promulgación de una ley especial que garantiza que Nazarbáyev estará a salvo de cuestionamientos incluso después de su muerte.

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