Cada persona y cada lesión es diferente, pero lo que es común a todos los que disfrutamos del deporte y de una vida activa es que sufrir una lesión grave o tener que recuperarse de una intervención quirúrgica supone frustración, estrés y, sobre todo, incertidumbre.

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Damos las claves para afrontar esta situación con la actitud más adecuada y para tomar las decisiones más acertadas con el fin de acelerar la recuperación; para ello hemos hablado con el Dr. Gonzalo Samitier, traumatólogo jefe de la Unidad de Miembro Superior y experto en cirugía de hombro, rodilla y artroscopia del Hospital General de Villalba, perteneciente a la red sanitaria pública de la Comunidad de Madrid, quien nos ha brindado algunas de las mejores claves para hacerlo.

Lo primero es no desanimarse ya que, aunque el rendimiento deportivo estará mermado por un tiempo, “hasta las lesiones más graves tienen solución en la mayoría de los casos y, a menudo, tras el tratamiento adecuado, el nivel deportivo alcanzado es comparable al previo”, dice el doctor. “Sólo en una minoría de pacientes -añade-, aquellos con lesiones más graves o multi-operados, puede aconsejarse disminuir la intensidad o tiempo de práctica de determinados deportes con mayor impacto”. No obstante, aclara, “esto no implica que no se pueda llevar una vida activa y deportiva pues existen infinidad de actividades que pueden realizarse sin poner en riesgo la salud”.

En segundo lugar, hemos de seguir las instrucciones de nuestro cirujano, y no las ofrecidas por terceros; él, mejor que nadie, conoce las posibilidades de recuperación de nuestra lesión o intervención, los tiempos estimados y las precauciones a tener en cuenta. “No dejes de compartir con él tanto tus sensaciones como las dudas e inquietudes que puedan surgir en el proceso de recuperación”, recomienda el Dr. Samitier.

Esto no es excusa para que no escuchemos a nuestro cuerpo y veamos cómo va respondiendo, como tampoco quita que sigamos las recomendaciones de nuestro fisioterapeuta o rehabilitador de confianza quien a menudo está coordinado con el cirujano a la hora del protocolo rehabilitador a seguir. En ocasiones lo que se percibe como una evolución negativa al inicio, por dolor o inflamación, puede ser parte de la evolución normal de una lesión o lógico en un postoperatorio inmediato pero, en cualquier caso, “la opinión y sensaciones del paciente son muy importantes”, según el traumatólogo. Por ello, nada mejor que consultar al médico, fisioterapeuta o rehabilitador, que saben diferenciar si la evolución experimentada es normal o no en cada caso, si la articulación está reaccionando bien al tratamiento o si hay que consultar de nuevo con el especialista; e intercalar periodos de trabajo y de descanso cada día, ajustando la intensidad de los esfuerzos hasta equilibrar confort y progresión.

No prestes atención a fuentes no especializadas“, continúa el jefe de la Unidad de Miembro Superior y Cirujano del Deporte del Hospital General de Villalba en referencia a la opinión de terceros que no conocen bien o no han seguido la lesión concreta, porque “no hay dos lesiones iguales o que se comporten de la misma forma”. En lugar de eso, asegura que lo sensato es “considerar únicamente la opinión de especialistas con amplia experiencia en el manejo de tu lesión y que hayan realizado un examen físico y un análisis cuidadoso de tu historial lesional”.

Constancia, progresión, proactividad y paciencia

Lamentablemente, basta un segundo para hacerse daño, pero a veces se necesitan muchos meses para recuperarse completamente de una lesión grave o una cirugía mayor, lo cual no quiere decir que a menudo, tras dos o tres meses, se pueden realizar con normalidad actividades cotidianas. Al margen de la edad y los factores individuales en la capacidad de recuperación y cicatrización de cada uno, el Dr. Samitier confirma que “quienes dedican más tiempo a una rehabilitación inteligente, progresiva y con supervisión periódica, acortan dichos plazos y consiguen una recuperación más plena y con menos complicaciones y recaídas”; por lo que hay que ser constante y dedicar cada día al menos 20-30 minutos a trabajar la articulación dañada hasta la recuperación completa.

En este sentido se enmarca la sexta recomendación: no hay que exprimirse demasiado al inicio. Y es que “en la recuperación de una lesión hay que pensar a largo plazo y no forzar, especialmente en las primeras seis u ocho semanas, en las que el proceso biológico de reparación es más intenso”, dice el Dr. Samitier. En esta fase es especialmente importante hacer los ejercicios o actividades recomendados únicamente y con la periodicidad indicada, guardar periodos de descanso poniendo la extremidad en alto y aplicando frío local durante 20-30 minutos como medida antiinflamatoria, cuidar la alimentación y el descanso y, por supuesto, evitar el tabaco, que afecta negativamente a la cicatrización y reparación de los tejidos.

Una vez superada esta etapa inicial, entramos sin embargo en un periodo de readaptación a los esfuerzos cotidianos y al deporte en el que se debe ser proactivo en la recuperación, sin esperar que los especialistas organicen de principio a fin este proceso. “Intenta resolver tus dudas acerca de lo que puedes y no puedes o debes hacer y, a partir de ahí, crea tu propio ‘plan de ataque’, échale horas e incluye actividades diversas que te permitan una readaptación individualizada y progresiva a los esfuerzos”, aconseja el traumatólogo.

Junto a la constancia, ser paciente es otra virtud importante durante la fase de recuperación. No hay que marcarse plazos rígidos porque nadie tiene el control absoluto de la evolución de cada lesión, cuyo ritmo de recuperación depende de cada persona, edad y cuadro clínico.

Segunda opinión

Lo normal es que cualquier lesión deportiva grave o recuperación de una intervención experimente una mejoría continua hasta pasados los 12 o 18 meses, pero puede suceder que a los cuatro o seis meses, la extremidad o articulación siga inflamada, dolorida o con un rango de movilidad muy limitado, o que no se haya registrado mejoría en los síntomas. Esto puede deberse a que se esté progresando con lentitud, a que las expectativas del paciente sean demasiado altas en discordancia con la gravedad de la lesión, o sencillamente por la aparición de una complicación. Las complicaciones de una intervención quirúrgica ocurren en un porcentaje muy bajo de casos, pero son más habituales cuando la lesión ha sido más grave, en reintervenciones o en el caso de pacientes de riesgo (edad avanzada, obesidad, diabetes, consumidores de alcohol o tabaco…). Es entonces el momento de analizar con el especialista posibles motivos y formas de resolver la situación o bien de buscar una segunda opinión si existe una brecha de confianza con tu médico, algo que el Dr. Samitier considera “una decisión importante para la salud y lo esperable antes de tomar cualquier decisión definitiva”.

Finalmente, y no por ello menos importante, el experto en cirugía de hombro y rodilla apunta a una última clave en la recuperación: pensar en positivo, ya que lo contrario no ayuda en nada a la recuperación. “No le des muchas vueltas, céntrate en el trabajo diario y en todas las demás cosas que sí puedes hacer”, recomienda, y concluye: “Una lesión, una cirugía, unas muletas, un cabestrillo no definen quién eres como persona; es sólo una extremidad que no funciona bien de forma temporal, pero tu mente está intacta y abierta a infinitas posibilidades”.

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