Las amenazas de la alcaldesa de Calella, del PDeCat, ha provocado que los dueños de un hotel echen a la Policía y la Guardia Civil que se alojaba en el mismo.

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Así lo ha denunciado uno de los agentes a través de su cuenta de Facebook. “Nos han pedido que nos marchemos”, arranca este guardia civil, que agradece el trato que les han dispensado y se lamenta porque los dueños “no han tenido más remedio que ceder”.

El agente explica que ha sido la alcaldesa de Calella (Barcelona), Montserrat Candini, la que ha llamado expresamente al director del hotel este martes, lanzando amenazas. “Le ha dicho que o nos echa o paraliza el expediente de una licencia de reformar total del hotel”, cuenta este guardia civil, que además asegura que el establecimiento ha recibido varias llamadas más. Uno, amenazando de muerte a los padres del dueño. Otras, asegurando que les iban a quemar el hotel. Y algunos, incluso, le han recordado de manera amenazante que “tiene niños pequeños”. El hotel, de hecho, permanece cerrado y la mayoría de camareros ni siquiera ha acudido a trabajar por las presiones.

“Nosotros, con todo el agradecimiento hacia estas personas que nos han tratado tan bien, nos vamos para que ellos no tengan mas problemas. 250 guardias nos vamos… no sabemos a donde”, resume este guardia civil.

Nos han pedido en el hotel Vila en Calella que nos marchemos. Se han portado con nosotros maravillosamente pero al…

Publié par Juan Manuel Álamo Cañadas sur lundi 2 octobre 2017

En Twitter, el Sindicato Unido de la Policía ha denunciado la situación, pidiendo a Rajoy y al ministro Zoido que no se crucen de brazos y recordando la labor tanto de la Policía como de la Guardia Civil frente al referéndum ilegal.

 

En este mismo hotel, los agentes han sufrido el escrache de los vecinos independentistas, que incluso les pusieron en apuros para poder entrar en el local este domingo a última hora tras cumplir su obligación.

Al igual que el hotel Vila de Calella, otros establecimientos hoteleros que alojaban a los agentes desplazados hasta allí, también tenían que cerrar sus puertas y echar a la Policía y la Guardia Civil ante las amenazas y presiones.

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