Cuando todavía no había transcurrido ni una hora del atropello masivo en La Rambla de Barcelona, en los móviles de miles de españoles ya circulaban vídeos con imágenes brutales de las consecuencias del atentado. Cadáveres en el suelo, heridos por todas partes, gente llorando, múltiples destrozos materiales…

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Desde el primer momento las fuerzas de seguridad –Mossos d’Esquadra, Policía Nacional y Guardia Civil– pidieron a la ciudadanía a través de sus canales oficiales que no compartieran imágenes morbosas por respeto a las víctimas y para no facilitar información a los terroristas.

Aún así, y a pesar de que el comportamiento, en líneas generales, fue bastante responsable, en un rápido vistazo a las redes sociales, sobre todo en las primeras horas, resultaba muy fácil toparse con fotos y vídeos inapropiados.

Pero si algo indignó a multitud de usuarios fue el hecho de que testigos directos de la masacre, en lugar de atender a las víctimas, se pusiera a grabar el asolador paisaje que dejó el atentado para difundir posteriormente las imágenes.

Así, algunas de las grabaciones que corrieron como la pólvora en los instantes posteriores al atropello, se puede ver como individuos, teléfono móvil en mano, filman de cerca a muertos y heridos, pasando para ello por delante de ellos sin socorrerlos.

Este comportamiento fue mayoritariamente reprobado en las redes sociales:

También hubo algunos usuarios que optaron por imitar la iniciativa de Bélgica durante los atentados de Bruselas, cuando, en lugar de publicar imágenes de los atentados, las redes se llenaron de fotografías de gatitos.

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