Carles Puigdemont ha logrado convertir el aquelarre de alcaldes independentistas en Bruselas en su primer acto electoral para el 21D. Recibido con gritos de “president”, comienza su camino casi imposible a la Generalitat.

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Cerca de 200 alcaldes independentistas de Cataluña celebran en Bruselas este martes un aquelarre separatista que se ha convertido ya en el primer actor de campaña electoral de Puigdemont desde la capital belga.

Eran las 17:30 horas de este martes cuando, media hora después de lo previsto, Puigdemont hacía su aparición ante los alcaldes independentistas que han viajado hasta Bruselas para prestarle su apoyo. Acompañado por los exconsejeros que huyeron con él (Comín, Ponsatí, Serret y Puig), Puigdemont era recibido con gritos de “presidente” y “libertad”.

Los alcaldes, varas al aire, recibían a un Puigdemont que se ha dado un baño de separatismo y se ha fundido en un abrazo con los presidentes de las dos asociaciones convocantes de la ‘excursión’ a Bruselas, la Asociación de Municipios por la Independencia y la Asociación Catalana de Municipios. 

El local del aquelarre independentista, reservado por los eurodiputados Ramón Tremosa, Josep María Terricabras y Jordi Solé, es curiosamente el mismo que utilizó la embajada de España en Bélgica para celebrar la Fiesta Nacional del 12 de octubre.

Tras llegar y repartir los abrazos estipulados, Puigdemont ocupaba su asiento para asistir a un acto que se ha convertido casi en el primero de la campaña que el expresidente catalán quiere llevar a cabo de cara a las elecciones del 21D.

El acto se producía después de que los alcaldes independentistas llevaran su aquelarre hasta la rotonda de Schuman, en el corazón del barrio europeo, en un nuevo intento por internacionalizar el conflicto, pese a que Europa les ha recalcado en incontables ocasiones ya que están al lado de la ley.

En redes sociales, las críticas más generalizadas llegaban al saber que algunos de los alcaldes habían pagado el viaje con fondos del Ayuntamiento de su ciudad.

Los reporteros de los medios desplazados a Bruselas compartían el baño de separatismo que se daba Puigdemont cual Mesías en Bélgica.

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