El príncipe Harry y Meghan Markle ya son marido y mujer. La pareja se ha dado el ‘sí, quiero’ en una ceremonia sencilla e integradora, seguida por millones de personas en todo el mundo. Y es que la boda del año era uno de los días más esperados.

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Ha sido una ceremonia sencilla e integradora. Como los propios novios querían. Y es que aunque dentro del protocolo, el ‘sí, quiero’ de Harry y Meghan Markle ha sido a su estilo. Miradas cómplices, siempre de la mano y un beso a su salida con el que han sellado su amor. La boda del año comenzaba a primera hora de la mañana, con la llegada de los invitados, algunos de ellos muy famosos.

Tras la llegada de todos ellos, el príncipe Harry aparecía, vestido con el uniforme de caballería, junto a su hermano, el príncipe Guillermo. Ambos entraban en la capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor y se dirigían al altar. Allí esperaban la entrada de la novia.

Antes que Meghan Markle, eso sí, la Familia Real. El príncipe Carlos, con un ya tradicional chaqué en gris, llegaba junto a su mujer, Camilla, vestida de rosa. La pamela de la duquesa de Cornualles no pasaba desapercibida.

La madre de Meghan llegaba vestida en verde manzana, con su piercig en la nariz y sus trenzas. Sin duda, ha sido la que más emocionada se ha mostrado durante toda la ceremonia.

Justo antes que la novia llegaban a la capilla la Reina de Inglaterra y su marido, el duque de Edimburgo. La soberana sorprendía por su abrigo y vestido, en tonos amarillo lima.

Acompañada por su corte de damas y pajes, Meghan Markle llegaba en coche sola. Se descubría entonces su vestido, el secreto mejor guardado. Un diseño para Givenchy adornado con una tiara que pertenece al joyero real desde hace más de 60 años. Con el velo por la cara, subía las escaleras sin ramo y sin padrino.

Ante la ausencia de su padre, Meghan decidía entrar sola a la capilla y recorrer parte del pasillo en solitario. A mitad de camino, el príncipe Carlos se unía a ella, ofreciéndole su brazo y llevándola hasta el altar, donde ya estaba el príncipe Harry.

Nada más verse, se saludaban y el príncipe exclamaba “estás increíble”. Miradas cómplices, emoción contenida y muchas sonrisas de felicidad era lo que podía verse en la cara de los novios. La ceremonia, sencilla e integradora, con coro góspel incluido en honor a los orígenes de Meghan.

Algo nerviosos pero con la lección bien aprendida, prometían sus votos y se intercambiaban las alianzas, convirtiéndose así en marido y mujer.

Después de firmar su acta matrimonial y escuchar el famoso ‘God save the Queen’, los novios salían juntos de la capilla. Acompañados por la madre de Meghan, el padre y madrastra de Harry y los duques de Cambridge con sus hijos, los recién casados se daban el esperado beso.

Después, montados en calesa, hacían un recorrido de casi media hora para saludar a los miles de ciudadanos congregados para verles.

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